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Capítulo 411:
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El peso de sus palabras flotaba en el aire, dificultando la respiración de los sirvientes.
Charlee se puso de pie y caminó hacia ellos, con tono firme pero apremiador. «Será mejor que lo piensen bien. Si son sinceros, serán tratados con justicia. Pero si intentan encubrir esto, no les irá bien. ¿De verdad creen que pueden ocultar la verdad para siempre? Ya sé casi todo. Solo les estoy dando la oportunidad de confesar».
La criada mayor levantó la vista brevemente, con el rostro pálido por el miedo, pero se mordió el labio y no dijo nada.
Charlee suspiró, dándose cuenta de que estaban decididos a proteger a alguien.
Un golpe en la puerta rompió el ambiente tenso.
—Adelante —dijo Charlee.
Fenton entró con postura erguida y profesional. —Señor Harris, Terrence ha convocado una junta de accionistas para mañana a las diez. Parece que se está preparando para dar el paso.
Marc esbozó una sonrisa fría. —Va más rápido de lo que esperaba. —Se levantó con aire autoritario—. Mañana me encargaré de él.
Charlee permaneció sentada, con expresión pensativa.
Las rápidas acciones de Terrence insinuaban un fuerte respaldo.
Marc se volvió hacia los sirvientes, con voz tranquila pero firme. —Fenton, llévalos fuera.
—Sí, señor Harris —respondió Fenton, haciendo una señal a los guardaespaldas para que escoltaran a los sirvientes fuera.
Estos salieron tambaleándose de la habitación, visiblemente aliviados.
Marc se acercó a Charlee y su mirada se suavizó al notar la preocupación en su rostro. —¿Qué te preocupa?
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Charlee levantó la vista. —Terrence se está moviendo demasiado rápido. Me preocupa que no podamos detenerlo a tiempo.
Marc le puso una mano tranquilizadora en el hombro. —Conmigo aquí, no tienes por qué preocuparte.
Charlee sintió que la invadía una sensación de calma.
Se apoyó en su abrazo, saboreando el fugaz momento de paz.
Al día siguiente, en la lujosa sala de conferencias de la última planta del Harris Group, Terrence se erguía imponente, vestido con un traje negro azabache perfectamente entallado.
Sin embargo, el enrojecimiento de sus ojos y la tristeza persistente en su rostro delataban su aparente compostura.
—Estimados accionistas —comenzó, con voz baja y teñida por el peso del dolor reprimido—, como todos saben, Amaya se encuentra en estado crítico… —Su voz se quebró, entremezclada con un hilo de emoción que le ahogaba—. Y todo esto se debe a la irresponsabilidad de Marc. Cegado por la belleza efímera, ha abandonado el negocio familiar y ha preferido malgastar su tiempo con esa mujer de la familia Sullivan, ¡una presagio de desastre!
Terrence hizo una pausa, luchando visiblemente por reprimir su ira, antes de golpear de repente la mesa con la palma de la mano con un ruido sordo. —¡No puedo permitir que alguien como él siga mancillando la reputación del Grupo Harris como director general!
Su mirada recorrió la sala, su tono era resuelto. —Propongo que elijamos un nuevo director general.
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