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Capítulo 403:
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La mera mención del hospital psiquiátrico pintó su rostro de un tono gris espantoso, y sus ojos parpadearon con los fantasmas de los horrores del pasado.
Desorientada, su psique comenzó a desmoronarse.
«No, por favor… eso no…», balbuceó, con la voz quebrada por el pánico.
Las lágrimas brotaron de sus ojos mientras se aferraba desesperadamente a la manga de Terrence.
«Por favor, no me envíes allí de vuelta… Te lo suplico…».
Terrence la miró con ira, con un breve pero intenso destello de repugnancia en los ojos.
De repente, le soltó la mano y bajó la voz hasta convertirla en un susurro gélido. —¡Recuerda lo que te he dicho!
En cuanto pronunció las palabras, un golpe sordo rompió el silencio opresivo de la sala del hospital.
Alertados al instante, Terrence y Lorelei miraron hacia la puerta. Sus ojos se encontraron por un instante, reflejando su mutuo desconcierto.
Terrence se levantó rápidamente, se dirigió a la puerta y la abrió de un tirón.
El pasillo estaba desierto.
Sin embargo, un bolso de mano de color crema yacía inocentemente en el suelo, aparentemente fuera de lugar en ese entorno estéril.
Lorelei contuvo el aliento al reconocer el bolso: era de Nadia. Espera, ¿Nadia? ¿Cuándo ha llegado aquí? ¿Y exactamente cuánto ha oído?
Un frío escalofrío recorrió a Lorelei, y su corazón se encogió por el pánico. Las consecuencias eran inmediatas: si Nadia revelaba algo de su conversación anterior, Lorelei podría meterse en un buen lío.
Se estremeció al pensarlo, y su ansiedad aumentó.
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Terrence miró el bolso abandonado, con expresión pensativa y el ceño fruncido por la preocupación.
La presencia inesperada de Nadia era un factor imprevisto que podía alterar drásticamente la dinámica de su precaria situación.
En otro lugar, Nadia corría con urgencia.
Su plan inicial era simplemente visitar a Amaya, pero se topó con una revelación que la sacudió hasta lo más profundo.
Pensó en Lorelei, en Terrence… Tenía que informar a Charlee inmediatamente.
Nadia sacó su teléfono y marcó el número de Charlee.
«Bip… Bip… Bip…».
Los pitidos parecían no tener fin, haciendo que el tiempo se hiciera eterno.
Por fin, alguien respondió.
—Charlee, ¿dónde estás? —El pánico se apoderó de las palabras de Nadia.
—Sigo en Zamdon. ¿Qué pasa? Pareces alterada.
Charlee tuvo inmediatamente la sensación de que algo no iba bien con Nadia.
—Charlee, yo… Estoy en el hospital… He visto… He visto…».
Nadia luchaba por hablar, sus palabras eran inconexas e ininteligibles.
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