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Capítulo 401:
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«¿Con quién crees que estás tratando, vieja zorra?».
Amaya fue tomada por sorpresa y cayó hacia atrás, golpeándose con fuerza la nuca contra el suelo.
«¡Ah!», gimió de dolor, y su visión se oscureció mientras perdía el conocimiento.
La habitación quedó en silencio, los sirvientes paralizados por el terror.
Sin embargo, la ira de Terrence se disipó rápidamente y fue sustituida por una repentina preocupación al mirar a la figura inmóvil de Amaya.
Todo parecía haberse detenido a su alrededor.
Momentos después, la urgencia se apoderó de Terrence, que levantó a Amaya, presa del pánico.
«¡Que alguien llame a una ambulancia!», gritó con voz quebrada por la urgencia. Los sirvientes se pusieron en acción, con los dedos temblorosos mientras pedían ayuda.
Mientras Terrence llevaba a Amaya al ascensor, comenzaron a extenderse rumores dentro del Grupo Harris sobre que él era un hijo ilegítimo y la vergüenza que eso podría suponer.
Sin embargo, su evidente preocupación por Amaya desconcertaba a los espectadores.
«¿Por qué Terrence se preocupa tanto por la señora Harris si es su hijo ilegítimo?».
«Quién sabe? Los secretos de los ricos nunca son sencillos».
Las puertas del ascensor se cerraron, amortiguando los susurros cada vez más intensos. Terrence, que sostenía a Amaya con fuerza, tenía el rostro convertido en una máscara de cálculo despiadado.
Con cada segundo que pasaba, tramaba un plan, decidido a convertir esta crisis en una oportunidad para asegurar su futuro.
En la estéril sala del hospital, Amaya yacía en la cama inmaculada, con el rostro pálido y la respiración apenas audible.
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Terrence estaba sentado a su lado, con expresión impenetrable y una sonrisa fría y sutil en lugar de preocupación.
Con un sutil movimiento de cabeza, observó al médico que se acercaba.
—Doctor, ¿cómo está? —preguntó Terrence con voz firme, sin mostrar emoción alguna.
El médico, con la frente cubierta de sudor, respondió con urgencia en su voz: —La señora Amaya Harris ha sufrido una lesión grave en la cabeza y su estado es bastante grave. Necesita someterse a una cirugía cerebral de inmediato. De lo contrario…
El médico dudó, buscando las palabras adecuadas. —De lo contrario, podría sufrir un derrame cerebral o algo aún más grave…
—¿Qué quiere decir con eso? —insistió Terrence, con tono frío.
Evitando la intensa mirada de Terrence, el médico murmuró: «Potencialmente… con resultados fatales».
Terrence se rió con desdén. «¿Cirugía? Creo que no será necesario».
El médico, desconcertado, tartamudeó: —¡Señor Harris, estamos hablando de su vida!
Ignorando la súplica, Terrence se puso de pie y miró al médico con ojos penetrantes. —Ya me he expresado con claridad: no es necesario.
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