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Capítulo 393:
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«Aunque hemos avanzado algo con el rastreo de la IP, hay algo inquietante en los patrones», comentó Charlee, siguiendo con el dedo las líneas de datos en la pantalla.
Kalte examinó los datos con atención, frunciendo el ceño en señal de concentración. —Está claro: la frecuencia con la que cambian las direcciones IP es inusualmente alta, casi como si alguien estuviera manipulando las cosas para que no quedaran claras.
Charlee añadió inmediatamente: —Y los métodos que han empleado son de primera categoría, no dejan prácticamente ningún rastro.
Hizo una pausa y se frotó las sienes con cansancio, mientras asimilaba la complejidad de la situación.
Kalte se sumió en una profunda reflexión, dejando el estudio envuelto en silencio. Mientras tanto, en la cocina, Marc se afanaba con la cena, pero no dejaba de mirar hacia el estudio.
Pronto, el aroma de la carne cocinada llenó el aire, acompañado por el rico aroma del vino tinto y el frescor crujiente de una ensalada de verduras. Marc sirvió los dos filetes con mano experta y llevó uno a Charlee, deslizándolo por la mesa con un suave empujón. «Prueba esto,
es tu favorito, cocinado al punto, tal y como te gusta», dijo con tono cálido y acogedor.
Charlee cogió los cubiertos y, con una sonrisa de agradecimiento, le dirigió a Marc un murmullo de agradecimiento. Mientras tanto, Kalte se sentó a un lado, con el plato visiblemente vacío. Aclarando la garganta con incomodidad, se atrevió a decir: «Eh… Sr. Harris, yo…». Su voz se apagó, teñida de vacilación.
Marc se volvió, con una sonrisa que reflejaba una mezcla de sorpresa y disgusto. «Vaya, se me ha olvidado por completo preparar algo para el Sr. Wheeler», admitió, con una disculpa que sonó más ensayada que sincera. «Por desgracia, no he reservado ningún ingrediente extra».
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Una breve mirada de vergüenza se dibujó en el rostro de Kalte, rápidamente enmascarada por una sonrisa cortés. «No se preocupe, de todos modos no tengo mucha hambre», aseguró, aunque su tono sugería lo contrario.
Charlee captó el sutil intercambio y miró a Marc con expresión interrogativa, sintiendo la incomodidad que se había apoderado de la sala como una espesa niebla.
Con una sonrisa leve, casi apologética, Marc actuó como si no fuera más que un simple error. Sin embargo, cuanto más tranquilo y comprensivo parecía, mayor era la inquietud que carcomía a Kalte.
La cena transcurrió bajo un pesado manto de silencio, con Kalte apenas tocando su ensalada antes de aprovechar la primera oportunidad para excusarse. «Me voy, Charlee. Nos vemos mañana», anunció, con un sutil temblor de angustia en la voz.
Charlee asintió con la cabeza, con los ojos llenos de preocupación. «Conduce con cuidado», murmuró.
Tras la marcha de Kalte, el comedor quedó más vacío, solo Charlee y Marc permanecieron en el silencio.
Charlee dejó los cubiertos con un ruido deliberado y miró a Marc con aire inquisitivo. «¿Ha sido intencionado?«
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