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Capítulo 375:
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«Esto se está poniendo interesante».
Marc entrecerró los ojos y se levantó bruscamente, dirigiéndose hacia el escenario. Agarró la mano de Lorelei y la bajó a la fuerza. «¡Deja de difundir mentiras!».
La expresión de Lorelei se transformó en una de inocencia herida, con lágrimas asomando a sus ojos. «Marc, ¿por qué lo niegas? ¿No recuerdas el compromiso que acordamos cuando éramos niños?».
Metió la mano en el bolso y sacó una foto que había preparado con cuidado, mostrándola a todos. La foto mostraba a un joven Marc y Lorelei, sonriendo alegremente uno al lado del otro.
Marc le arrebató la foto de la mano, con expresión sombría y tensa. La reconoció al instante: era una foto informal de su infancia, no una foto de compromiso.
«¡Lorelei, ya basta!», exclamó, con la paciencia al límite. Sin decir una palabra más, se dio media vuelta para marcharse.
«¡Marc, espera! ¿Has olvidado el secuestro de hace tantos años? Si no fuera por ti, no me habrían secuestrado y no habría sufrido tanto», dijo Lorelei con la voz quebrada por la emoción.
Marc se quedó paralizado, con la espalda rígida e inmóvil. Con un movimiento brusco, se volvió hacia ella.
Las lágrimas corrían libremente por las mejillas de Lorelei mientras gritaba: «En aquel entonces, los secuestradores vinieron a por ti. A mí me secuestraron solo porque estaba contigo. He soportado años de sufrimiento en el extranjero, sobreviviendo a duras penas, ¡y todo por tu culpa! Marc, no puedes dejarme así. No puedes abandonarme».
Marc apretó los puños con fuerza, con su conflicto interior a flor de piel. Pero sin decir nada más, se dio la vuelta y se marchó, dejando a Lorelei sola en el escenario. Lorelei se mordió el labio con fuerza, tragándose las lágrimas que amenazaban con derramarse.
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¿Cómo podía ser tan frío?
Los acontecimientos de la noche habían convertido a la familia Jensen en el hazmerreír de todo Jurgh.
De vuelta en la finca de los Jensen, Dempsey Jensen, el padre de Lorelei, arrojó su taza de té al suelo, y los fragmentos se esparcieron por toda la habitación.
—¡Ese bastardo de Marc! ¡Cómo se atreve a deshonrar así a nuestra familia! —Su furia era evidente, y su pecho se agitaba con ira.
La tensa relación entre las familias Harris y Jensen, que se remontaba a acontecimientos ocurridos años atrás, no había hecho más que empeorar.
El rechazo público de Marc al matrimonio se percibió como un desaire deliberado hacia la familia Jensen.
Con manos temblorosas, Dempsey cogió el teléfono, respiró hondo y marcó el número de Shane.
Cuando Shane contestó, Dempsey luchó por contener su rabia, con voz baja y ronca. «Shane, Marc ha cruzado la línea. ¡Debes tomar medidas contra él!».
Hizo una pausa y su tono se endureció con determinación. «Pone fin a todos los negocios con el Grupo Harris inmediatamente. ¡Que comprenda el precio de insultar a la familia Jensen!».
Shane apretó con fuerza el teléfono y su expresión se ensombreció por la gravedad de la situación.
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