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Capítulo 351:
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Marc, mostrando una moderación que contradecía su agitación interior, asintió y se hizo a un lado, esperando pacientemente fuera a que Charlee saliera.
Tras una mañana agitada, Charlee finalmente apareció, con paso rápido y decidido. Al ver a Marc, su expresión se ensombreció y se dio la vuelta rápidamente para volver al interior.
—¡Charlee! —La voz de Marc atravesó el aire, urgente y suplicante—. ¡No te vayas!
Charlee se detuvo, aún de espaldas a él, con una tensión palpable. «Tenemos que hablar», exigió Marc, con voz firme e inflexible.
Charlee se volvió hacia él, con expresión fría. «¿Queda algo por decir entre nosotros?».
«He venido a hacerte una propuesta», respondió Marc con claridad, haciendo una pausa entre cada palabra.
Tanto Charlee como los espectadores de la oficina se quedaron desconcertados por su declaración.
—¿Estás loco?
Marc ignoró su incredulidad, rodeó el mostrador de seguridad y se acercó a ella. Se arrodilló y le mostró un anillo. —Charlee, ¿quieres casarte conmigo? ¡En esta vida solo te deseo a ti!
Sin embargo, Charlee no se dejó intimidar por la audacia de Marc ni se dejó llevar por su repentina propuesta.
Consideraba la escena absurda, similar a un programa de televisión mal escrito. Las conversaciones en voz baja de los empleados a su alrededor solo la irritaban aún más.
—¡Marc, basta de dramatismo! Levántate, no deberíamos montar una escena. —Se apartó de él y se dirigió hacia su coche.
Reacio a ceder, Marc se apresuró a seguirla e interceptó la puerta del coche. —¡Charlee, por favor, escúchame! —Levantó el anillo de nuevo.
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«He guardado este anillo durante mucho tiempo, esperando el momento perfecto para dártelo». Su voz era tranquila y temblorosa. «Sabes que has sido la única para mí durante todos estos años».
El corazón de Charlee se aceleró ligeramente; no era insensible, podía sentir la emoción genuina de Marc.
Pero perdonarlo tan fácilmente, ¿qué diría eso de ella?
¿Qué pensarían los demás de ella? ¿La tacharían de rompehogares? Su actitud se volvió fría al instante y apartó la mano de Marc. —¡Marc, no quiero volver a verte! ¡Si sigues así, te denunciaré por acoso!
Una sombra de decepción se dibujó en el rostro de Marc, pero su determinación no flaqueó. «Charlee, te prometo que demostraré que no ha habido nada entre Wilma y yo. ¡Créeme!».
«¡No puedo escuchar esto! ¡No quiero oír ni una palabra!», gritó Charlee mientras cerraba de un portazo la puerta del coche y arrancaba el motor. El vehículo se alejó inmediatamente, rápido como una flecha.
Marc se quedó atrás, mirando con la mirada perdida cómo las luces rojas del coche desaparecían en la noche.
Las especulaciones comenzaron a circular entre los empleados, que intercambiaban susurros y miradas especulativas.
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