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Capítulo 340:
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«¡Liam, no!».
Corrió hacia él, con pasos vacilantes.
Su tez estaba mortalmente pálida y un fino hilo de sangre le brotaba de los labios. A pesar de su agonía, esbozó una sonrisa sombría.
«Charlee… tos… Lo siento… de verdad… mi amor por ti nunca ha disminuido…». Sus palabras se redujeron a un simple susurro y sus ojos se volvieron vidriosos. Presa del pánico, Charlee llamó rápidamente a una ambulancia y acompañó a Liam, que apenas estaba consciente, al hospital.
Al llegar, un médico con rostro severo realizó una evaluación exhaustiva y concluyó que, aunque Liam no había sufrido fracturas óseas, la gravedad de sus lesiones externas requería hospitalización inmediata para recibir cuidados intensivos.
Liam yacía ahora en una cama de hospital, con su figura delicada y pálida, envuelta en la luz estéril del hospital.
Miró a Charlee, con los ojos llenos de un sutil sentimiento de dolor.
—Charlee, me duele…
A pesar de saber que Liam tenía intenciones ocultas, el corazón de Charlee se ablandó al ser testigo de su evidente angustia.
—El médico ha insistido en que necesitas descansar. Buscaré a alguien que te cuide.
Liam negó con la cabeza enfáticamente, con los ojos llenos de una súplica desesperada.
—No quiero a nadie más. Necesito que tú me cuides…
Charlee se detuvo, indecisa, pero finalmente su determinación vaciló. Teniendo en cuenta que el accidente había ocurrido justo en la puerta de su casa y que Liam había sufrido lesiones al intentar protegerla, se sintió obligada a quedarse.
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—Está bien. Estaré aquí para cuidarte durante los próximos días.
Una sonrisa pícara se dibujó en los labios de Liam al oír su consentimiento.
En ese momento, la puerta de la habitación del hospital se abrió de golpe.
Marc irrumpió en la habitación con expresión furiosa.
La noticia del accidente de Charlee lo había traído allí a toda prisa, con el corazón acelerado por la preocupación.
La visión de Charlee sentada ansiosamente junto a la cama de Liam, con los ojos nublados por la preocupación por las heridas de este, encendió una llama de celos que le arañó el pecho.
Los ojos de Marc eran fragmentos de hielo helado.
—¿Estás herida? —preguntó.
Charlee se percató del alboroto, pero lo ignoró sin siquiera mirarlo.
—Señor Harris, esto no le incumbe. Le agradecería que se marchara.
Liam dejó escapar un gemido débil y laborioso, con el rostro contorsionado por el dolor, amplificando dramáticamente su malestar para manipular la escena.
—Señor Harris, por favor, deje de hacer teatro y de llorar falsamente. Si Wilma es realmente la reina de su corazón, ¿por qué juega con los sentimientos de Charlee? Deberías correr de vuelta y dedicarte a los preparativos de tu próxima fiesta de compromiso. ¡Y asegúrate de no volver a aparecer por la puerta de Charlee!».
Marc agarró de repente la muñeca de Charlee con determinación.
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