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Capítulo 307:
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Su voz se suavizó, con un toque de esperanza. «Una vez tuvimos algo real. Ahora que nada se interpone en nuestro camino, ¿por qué no lo reconsideras? Ya conoces a mi familia: estabilidad y éxito. Casarte conmigo te haría la vida más fácil».
Hizo una pausa y su tono se volvió amenazante. «La familia Harris es peligrosa e inestable. ¿De verdad puedes soportar ese caos?».
Sus palabras la tocaron donde más le dolía y su máscara de calma se resquebrajó, dejando que la ira iluminara sus rasgos.
«¡Liam! ¡No tienes ni idea de lo que estás hablando! Lo que Marc y yo compartimos es algo que nunca entenderás, está más allá del alcance de alguien como tú. ¡No tienes derecho a juzgarnos!».
La voz de Charlee cortó el aire, aguda e inquebrantable.
Liam se estremeció, momentáneamente aturdido por su repentina furia. Pero para él, eso solo confirmaba que había grietas en su vínculo con Marc. Sin decir otra palabra, Charlee se dio media vuelta y entró furiosa en la villa, cerrando la puerta de un portazo.
Liam se quedó donde estaba, inmóvil. Sabía que presionarla ahora solo empeoraría las cosas.
Su mirada se endureció y sus ojos brillaron con determinación. Si la confrontación directa no funcionaba, cambiaría de táctica. Poco a poco, encontraría la manera de superar sus defensas.
A la mañana siguiente, Liam pidió a su asistente que enviara un lujoso ramo de flores y regalos de alta gama a la oficina de Charlee en el Sullivan Group.
La lujosa muestra llamó la atención de todos, provocando susurros y miradas de envidia entre sus compañeros de trabajo.
Charlee, sin embargo, apenas prestó atención al extravagante gesto. Su expresión era fría mientras daba órdenes.
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—Deshazte de todo. Y asegúrate de que nadie del equipo de Liam vuelva a poner un pie aquí —instruyó al equipo de seguridad con tono tajante, sin dejar lugar a dudas sobre su postura.
Una semana pasó en un instante.
Vestida con un sencillo vestido negro, Charlee se paró frente a la lápida de su madre, sosteniendo un ramo de lirios blancos.
La foto grabada en la piedra mostraba a su madre con una sonrisa tierna y alegre.
Charlee tenía los ojos ligeramente hinchados mientras depositaba con delicadeza las flores al pie de la lápida.
—Mamá, he venido a visitarte —susurró con la voz entrecortada por la emoción—. He estado muy ocupada con el trabajo y no he tenido oportunidad de venir. Pero todo va bien, así que no te preocupes por mí.
Se oyeron pasos cada vez más cercanos.
Charlee no necesitó mirar atrás para reconocer la figura.
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