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Capítulo 306:
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«Tú, que tanto desprecias las mentiras, ¿cómo puedes soportar el engaño de Marc?», dijo Liam con desdén.
Charlee se detuvo, pero no dijo nada, mientras el fresco viento nocturno se enredaba en su cabello y trazaba las elegantes líneas de su silueta.
Aprovechando su silencio, Liam acortó la distancia entre ellos y su voz se suavizó hasta convertirse en una súplica. —Charlee, estamos hechos el uno para el otro. Stacey nos separó antes, pero aún podemos arreglar esto. Ya hemos perdido mucho tiempo, no voy a volver a perderte.
Extendió la mano y le rozó la cara con los dedos.
Los ojos de Charlee se endurecieron y apartó rápidamente la mano de él. —No vuelvo con antiguos amores, Liam —dijo fríamente, con voz desprovista de calidez—. Lo que haya hecho Marc es cosa nuestra, no te incumbe.
Se dio la vuelta para marcharse, pero Liam se interpuso en su camino, con el rostro nublado por la frustración y la obstinación.
—¿De verdad crees que Marc se preocupa por ti? —se burló él, con voz teñida de sarcasmo—. No eres más que un peón en su juego.
Charlee se rió con amargura, con una mirada penetrante.
—Tu arrogancia es asombrosa —respondió fríamente—. ¿Qué te hace pensar que tienes algo que decir sobre mis decisiones o mi vida? ¿Qué derecho tienes a juzgar la relación entre Marc y yo?
Liam vaciló, sus palabras habían minado su confianza.
El declive de la familia Todd lo había dejado desesperado; recuperar a Charlee no era solo algo personal, era una cuestión de supervivencia.
Por eso tenía que seguir persiguiéndola sin vergüenza.
Pero no era solo eso.
Charlee se había convertido en el tipo de mujer a la que no podía resistirse.
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«No voy a dejar de intentarlo», dijo con tono resuelto y mirada feroz.
«Volverás conmigo, Charlee. Te lo prometo».
Charlee lo ignoró y se marchó sin mirar atrás.
Cuando llegó a casa, las puertas de la villa se abrieron automáticamente y aparcó el coche en el garaje.
Al salir, sus ojos se posaron inmediatamente en una figura familiar apoyada contra la pared. Era Liam otra vez.
La irritación se apoderó de ella y su expresión se tensó.
Antes de que él pudiera hablar, ella lo interrumpió. —Liam, si me sigues una vez más, llamaré a la policía.
Él levantó las manos en señal de rendición, con una sonrisa conciliadora en el rostro.
—No quiero hacerte daño, Charlee.
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