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Capítulo 300:
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«Charlee, escúchame. Me herí protegiéndote», dijo con voz entre agónica y reprochadora. «¿Aún puedes dudar de mis sentimientos por ti?».
Cuando los dedos de Charlee tocaron el vendaje, un temblor recorrió su corazón.
No era insensible. La imagen de Marc protegiéndola del cuchillo se repetía una y otra vez en su mente.
Su determinación se suavizó, conmovida por una repentina oleada de empatía.
Al ver su indecisión, Marc apretó con fuerza su mano.
—Por favor, no te vayas, Charlee. Sufrí esta herida por ti; es justo que cuides de mí.
—¿No hay ya alguien que cuide de ti? —preguntó Charlee, arqueando las cejas de forma sugerente—. ¿Por qué insistes en que te ayude si no es necesario?
Marc la miró intensamente, sujetándole la mano con determinación.
—Tú me entiendes como ella no puede —susurró en voz baja—. Quédate aquí conmigo, Charlee.
En ese momento, se abrió la puerta de la sala y entraron Wilma y el médico.
Al entrar, encontraron a Marc y Charlee enfrascados en una animada conversación, y sus risas compartidas evocaban una alianza fácil.
Wilma se fijó en que tenían las manos entrelazadas y sintió una punzada de celos, apretando las manos inconscientemente.
El médico se ajustó las gafas y miró a Marc con preocupación.
—Señor Harris, ¿cómo se encuentra hoy? ¿Le sigue doliendo la herida?
Marc siguió prestando atención a Charlee, sin apenas prestar atención a los demás.
—Estoy bien, gracias. Puede retirarse —respondió con desdén, con un tono de autoridad en la voz.
Los labios de Wilma temblaron ligeramente, llenos de quejas no expresadas, pero se contuvo.
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Intentó hablar, pero la mirada severa de Marc le congeló las palabras en la garganta.
—¿No fui claro? —dijo él con dureza—. Ya no necesitamos tu ayuda aquí.
El rostro de Wilma cambió de color, palideciendo antes de enrojecerse rápidamente. Apretó los dientes contra el labio con tanta fuerza que casi se rompió la piel.
—Marc, tú… —dijo con voz temblorosa, pero la mirada implacable de él acalló cualquier otra palabra. Wilma lanzó una mirada furiosa a Charlee antes de salir furiosa, dando un portazo tras de sí.
Ahora solo quedaban Marc y Charlee en la habitación.
El olor a antiséptico permanecía en el aire, mezclándose con el aroma limpio y distintivo que era único de Marc.
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