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Capítulo 273:
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—No se escapará —murmuró Charlee, con voz firme pero llena de determinación—. El asesinato de Keith está relacionado con ella. Estoy segura.
Volviéndose hacia Marc, le habló con intensa tranquilidad, dejando entrever una vulnerabilidad poco habitual en ella—. Ayúdame a traerla de vuelta.
Marc la observó durante un momento, con una expresión de admiración y preocupación.
—Por supuesto —respondió sin dudar.
Aunque le tomó la mano, Marc seguía preocupado.
—Tú… —comenzó a decir, pero se detuvo, con evidente inquietud.
Los perspicaces ojos de Charlee se suavizaron ligeramente mientras le apretaba la mano y le dedicaba una sonrisa débil pero tranquilizadora.
—Estoy bien —dijo con voz tranquila y firme.
—No soy tan delicada —dijo Charlee, con la mirada fija en las paredes desnudas de la sala de interrogatorios y una expresión que reflejaba una compleja mezcla de emociones—. La historia completa detrás de la muerte de mi madre todavía me desconcierta. Necesito estar a salvo para descubrirla.
Marc la observó, sintiendo una oleada de emociones encontradas. Le apretó la mano para tranquilizarla. —Volveré pronto.
Antes de irse, Marc sacó su teléfono y llamó a Shane. Cuando Shane respondió, Marc habló en voz baja pero clara. —Shane, Charlee está en la comisaría. ¿Puedes asegurarte de que está bien?
Hizo una pausa y su voz se volvió más firme. —Mantén mi identidad en secreto y asegúrate de que nadie se entere de nuestra relación.
La respuesta de Shane estaba teñida de preocupación. —Entendido, me encargaré de ello. Marc colgó y salió de la comisaría con paso decidido. La noche envolvía todo en su oscuridad.
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Charlee condujo hasta la antigua casa de la familia Sullivan. Al abrir la puerta, la envolvió el aroma nostálgico de la casa. Nada había cambiado desde la época de su madre; todo seguía igual. Los muebles del salón estaban en su sitio original, ahora cubiertos por una ligera capa de polvo.
Charlee se dirigió al dormitorio de su madre y abrió la puerta con suavidad. Un ligero aroma aún flotaba en el aire, casi como si su madre acabara de salir. Miró a su alrededor y sus ojos se posaron finalmente en el tocador, donde se encontraba el joyero favorito de su madre.
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y luchó por contenerlas. De repente, su mirada se fijó en un pequeño botón escondido en un rincón del dormitorio. Era diminuto, pero le resultaba familiar.
Una imagen apareció en la mente de Charlee: era su primer encuentro con Hannah, a quien le faltaba un botón en su vestido de diseño. Charlee se dio cuenta al instante de que era del mismo tipo que el botón que tenía ahora delante. El botón, cubierto por una gruesa capa de polvo, delataba su larga presencia allí.
Charlee sintió que el corazón le latía con fuerza y que le faltaba el aire. ¿Podría significar que Hannah había estado en esa habitación hacía mucho tiempo? Sosteniendo el botón, sus dedos palidecieron por la presión. Se preguntó si Hannah había visitado a su madre para antagonizarla, sumiéndola en la desesperación y llevándola finalmente a la muerte. Esta mera sospecha, la idea de que alguien pudiera haber hecho daño deliberadamente a su madre, hizo que las lágrimas comenzaran a correr por el rostro de Charlee. Respiró hondo, esforzándose por estabilizar sus emociones turbulentas.
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