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Capítulo 269:
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Sorprendida por la actitud directa de Charlee, Hannah retiró la mano instintivamente y retrocedió unos pasos.
«¿Cómo podría tener que ver conmigo la muerte de tu madre?», replicó Hannah, ocultando su miedo interior tras una aparente audacia.
Durante su apresurada retirada, un broche se cayó del vestido de Hannah y cayó al suelo con un ruido metálico.
Al instante, la atención de Charlee se centró en el objeto caído.
El broche, con forma de mariposa y adornado con perlas y zafiros, era intrincado y elegante.
Charlee lo reconoció inmediatamente: era el broche más preciado de su madre.
Lo había buscado sin descanso tras la muerte de su madre, dando por perdido para siempre.
Ahora, de forma inesperada, aparecía ante ella, en poder de Hannah, lo que despertó una terrible sospecha.
¿Podría ser cierta la implicación de Hannah en la muerte de su madre?
Hannah, al darse cuenta de que el broche estaba en el suelo, se puso pálida como un fantasma. Se agachó para recogerlo, pero Charlee fue más rápida y lo cogió del suelo.
—¿Por qué tienes este broche? —exigió Charlee—. ¡Me debes una explicación, y más vale que sea buena!
El tono de Charlee tenía un matiz frío, lo suficientemente agudo como para romper el silencio de la noche.
Abrumada por las implicaciones de su descubrimiento, Hannah temblaba incontrolablemente.
Miró a Keith con pánico y luego huyó rápidamente del lugar.
Al ver que Hannah huía, Keith la siguió rápidamente y ambos abandonaron el cementerio.
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Con el broche en la mano, Charlee se acercó lentamente a la lápida de su madre.
Se arrodilló junto a la lápida y las lágrimas rodaron silenciosamente por sus mejillas. «Mamá, nunca hubiera imaginado que ellos estaban detrás de tu muerte… Te prometo que haré justicia por ti».
Keith y Hannah regresaron rápidamente a su residencia.
Al llegar, Hannah empezó a hacer las maletas, planeando su huida.
—¿Qué estás haciendo? —gritó Keith, agarrando a Hannah por el pelo—. ¿Cómo se te ha caído el broche?
Hannah, temblando de miedo, cambió rápidamente de tema para desviar su atención. —Nunca le sacaremos dinero a Charlee. Nos ha descubierto. Si nos quedamos, ¿vamos a esperar a que se vengue?
El rostro de Keith se endureció con una mirada amenazante. «Charlee está reconstruyendo la verdad sobre la muerte de su madre. Si ninguno de los dos confiesa, estamos condenados». Su tono estaba impregnado de miedo y desesperación.
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