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Capítulo 257:
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«Desde el principio sospeché que Stacey estaba detrás de este complot. Aunque decidas no tomar medidas, no pienso dejarles salirse con la suya». Su voz era fría, reflejo de su firme determinación.
Marc, intuyendo que era hora de marcharse, sugirió amablemente: «Es tarde, Charlee. Quizá deberías irte a casa a descansar».
Charlee asintió con la cabeza, miró a Shane y dijo: «Mañana iré a ver a Nadia», antes de coger un taxi y marcharse.
Ahora solo, Shane fue directo al grano. «Sr. Harris, ahora que Charlee se ha ido, ¿qué piensa hacer?».
Sus ojos inquisitivos intentaban descifrar las intenciones de Marc.
Marc soltó una risa cómplice y sugirió con un tono estratégico: «Mantener a Keith y a su hija en juego es como vivir junto a una bomba de relojería. ¿Por qué no trabajamos juntos para llevar al Grupo Sullivan al borde de la quiebra?».
Sorprendido por la sugerencia, Shane preguntó con cautela: «Sr. Harris, ¿está ocultando quién es en realidad?».
Marc solo respondió con una sonrisa misteriosa. «Si intuye la verdad, Sr. Jensen, mejor no la digamos».
Su sonrisa era intrigante y evasiva.
Shane, ya molesto con Keith por su amenaza, aceptó de buen grado el plan de Marc.
«De acuerdo», respondió con determinación.
Antes de que Shane pudiera entregar la ayuda financiera que le había prometido a Keith, las acciones del Grupo Sullivan comenzaron a caer en picado, dejando a Keith desesperado y abrumado.
Charlee, vestida con un elegante traje de Chanel y unos tacones altos, entró con paso firme en la junta de accionistas del Grupo Sullivan.
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Con voz autoritaria, anunció: «Damas y caballeros, yo controlo el 51 % de las acciones del Grupo Sullivan. Propongo comprarles a todos ustedes las acciones restantes».
Keith se levantó de repente, señaló a Charlee y gritó: «¡Charlee Sullivan, traidora! ¡Tu objetivo es apoderarte de todo el Grupo Sullivan!».
Stacey, con lágrimas corriendo por su rostro, suplicó: «Querida hermana, ¿cómo has podido hacer esto? Papá ha dedicado su vida a esta empresa por ti».
Parecía digna de lástima y vulnerable, con la clara intención de despertar la empatía de los accionistas.
Charlee se burló: «Basta ya de teatro. ¿De verdad crees que no sé lo que estás tramando?».
Charlee recorrió la sala con la mirada, que era tan aguda que parecía cortar el aire como un láser. «Accionistas, pueden elegir entre conservar sus acciones y ver cómo el Grupo Sullivan se deteriora hasta perder todo su valor. Ese día está inevitablemente cerca».
Sus palabras resonaron como un trueno, electrizando el ambiente. Los accionistas se miraron nerviosos, con la confianza tambaleante.
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