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Capítulo 253:
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Se puso de pie y siguió a Keith fuera de la habitación del hospital.
Los dos se detuvieron en un rincón tranquilo del pasillo.
Keith metió la mano en el bolsillo, sacó una fotografía y se la entregó a Shane.
En la imagen, Shane besaba tiernamente la frente de Nadia. Los rasgos de Shane se endurecieron mientras miraba fijamente a Keith. «¿Qué sentido tiene enseñarme esto?».
Keith levantó una mano tranquilizadora y fue al grano. «El Grupo Sullivan está en apuros y necesitamos financiación, señor Jensen. Creo que su generosidad sería de gran ayuda, teniendo en cuenta esta foto».
Shane se burló. —Una sola foto no prueba nada.
Keith se inclinó ligeramente, con un tono velado de amenaza. —Si no hay nada de qué preocuparse, ¿por qué ha salido conmigo?
Shane permaneció en silencio.
La sonrisa de Keith se amplió, con un brillo de triunfo en los ojos.
Sacó un trozo de papel del bolsillo de su traje y se lo entregó a Shane. —Esta es la información de la cuenta de nuestra empresa».
En lugar de cogerla, Shane extendió la mano. Su voz era fría como el hielo.
«La fotografía».
Keith parpadeó, sorprendido por la inesperada petición.
Había dado por sentado que Shane cedería sin protestar.
«Entréguela», repitió Shane, con una mirada tan cortante como una navaja, como si despojara a Keith de toda pretensión.
Tras una breve vacilación, Keith entregó la foto a regañadientes, calculando que las copias hacían irrelevante el original.
—Le aconsejo que coopere, señor Jensen —dijo Keith, tratando de ocultar su inquietud—. Hay copias de seguridad. Ayúdenos ahora y nuestras familias podrían encontrar oportunidades para colaborar en el futuro.
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Sintiéndose victorioso, Keith se alejó, confiado en su control sobre Shane.
Shane miró la foto que tenía en la mano. En ella, él tomaba la mano de Nadia con una ternura y una preocupación inconfundibles.
Una leve sonrisa se dibujó en sus labios, pero desapareció casi al instante, sustituida por un rastro de inquietud.
Guardó con cuidado la foto en el bolsillo, pegada al pecho.
Mientras tanto, en el apartamento de Nadia, Charlee estaba terminando de hacer la maleta para su amiga cuando sonó su teléfono.
—Charlee, tengo información sobre quién fue tras Nadia. ¿Quieres oírla? —bromeó Stacey.
Charlee sonrió con aire burlón, con tono cortante. —¿Desde cuándo eres tan generosa, Stacey?
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