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Capítulo 252:
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Ella lo presionó sin piedad, con palabras directas y mordaces.
Marc exhaló profundamente, dándose cuenta de que la verdad no podía permanecer oculta por mucho más tiempo. Pero una vez que se empezaba a mentir, era difícil detenerla.
«Charlee, estás equivocada. Solo…». Titubeó, sin saber cómo aclararse.
Charlee estudió su evasividad y sus sospechas se hicieron más fuertes.
Este hombre le estaba ocultando demasiado.
«Si estás tan ocupado, vete. Yo me ocuparé de Nadia sola». Se dio la vuelta para marcharse, su elegante figura irradiando desafío y aislamiento.
Al verla alejarse, Marc entró en pánico y se apresuró a alcanzarla.
«Charlee, espera». Le agarró la muñeca, con los ojos llenos de urgencia. «¿Me has echado de menos?», preguntó, intentando cambiar de tema con un tono alegre.
Charlee se zafó de su mano y se rió con amargura. «¿Echarte de menos? Sr. Harris, es usted absurdo. ¿Cree que soy tan fría como usted? Mi amigo fue apuñalado por mi culpa y ahora está en el hospital con un futuro incierto, ¿y tú crees que estoy de humor para tener un romance contigo?».
Marc se rascó la cabeza con torpeza, dándose cuenta de que esta vez había molestado de verdad a Charlee.
Ella no era alguien a quien se pudiera calmar fácilmente.
Sabía que sus secretos eran difíciles de revelar y temía que Zahir volviera a atacar, poniendo a Charlee en peligro. Cuanto menos supiera, mejor para su seguridad.
Después de pensarlo un poco, Marc soltó a regañadientes la muñeca de Charlee. Charlee se sintió aún más desilusionada con Marc y soltó una risa burlona antes de darse la vuelta para marcharse.
Mientras tanto, en el hospital, Shane estaba sentado al lado de Nadia, sosteniendo suavemente su mano y hablándole en voz baja. De repente, la puerta de la habitación se abrió.
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Entró un hombre de mediana edad vestido con traje, que les dedicó una cálida sonrisa.
—Hola, señor Jensen —saludó Keith cortésmente.
Shane levantó la vista hacia él, sin reconocer al hombre que tenía delante.
—¿Y usted es? —preguntó cortésmente.
—Soy Keith Sullivan, presidente del Grupo Sullivan —se presentó Keith.
—Ah, señor Sullivan, hola —respondió Shane cortésmente, aunque estaba desconcertado por el motivo por el que Keith lo buscaba.
—Sr. Jensen, necesito hablar con usted en privado —dijo Keith en voz baja.
Shane miró a Nadia, que descansaba en la cama del hospital, y luego volvió a mirar a Keith y rechazó la invitación con cortesía, diciendo: —Lo siento, Sr. Sullivan, pero ahora no puedo dedicar tiempo a asuntos de negocios. Por favor, comunique sus inquietudes a mi asistente.
Los labios de Keith esbozaron una sonrisa y sus ojos brillaron con un significado oculto. —No he venido a hablar de negocios, señor Jensen. Se trata de usted y de su hermana adoptiva, Nadia.
La expresión de Shane vaciló por un momento. No había previsto que Keith supiera la relación que le unía a Nadia.
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