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Capítulo 239:
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Charlee apretó con fuerza contra sí a Nadia, que estaba empapada en sangre. El rojo intenso de la sangre de Nadia manchaba el vestido de Charlee, creando una escena espantosa.
—¡Marc, necesitamos una ambulancia inmediatamente! —La voz de Charlee era desesperada, quebrada por la emoción.
El pánico y la ira se reflejaban en el rostro de Marc mientras marcaba el número de emergencias y tomaba el control de la situación.
«No te preocupes, Charlee. Yo me encargo. Averiguaré qué ha pasado y te lo explicaré todo», dijo con voz fría y decidida.
«¡Tienen que ser Keith y Stacey! ¡Quieren deshacerse de mí para quedarse con mi negocio farmacéutico!», espetó Charlee con amargura.
Las palabras de Charlee ensombrecieron aún más el rostro de Marc.
Los recuerdos de la inquietante llamada telefónica de antes volvieron a inundarlo, alimentando sus sospechas.
Rápidamente organizó el traslado de Charlee y Nadia al hospital.
Observar el rostro pálido y angustiado de Charlee lo llenó de culpa y de un impulso protector.
—No tengas miedo, Charlee. Estoy aquí contigo —le aseguró, apretándole la mano con firmeza.
Charlee permaneció en silencio, aferrándose con fuerza a la mano de Marc, con el rostro marcado por la conmoción y la incredulidad.
En la parte trasera de la ambulancia, Charlee apretó la fría mano de Nadia, sintiendo en sus dedos la pegajosidad de la sangre.
La rabia se encendió en sus hermosos ojos, que se volvieron de un color carmesí intenso mientras la ira ardía sin control.
—¡Keith! ¡Stacey! Esto no quedará impune —gruñó, forzando cada palabra a través de los dientes apretados por la furia.
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La sirena de la ambulancia rasgó la noche, dirigiéndose a toda velocidad hacia el hospital con Charlee y Nadia a bordo.
Desde la distancia, Marc vio cómo el vehículo se desvanecía en la oscuridad, con la mirada llena de determinación.
Se dirigió con paso decidido hacia su coche.
Fenton se apresuró a su lado y le preguntó en voz baja: «Señor Harris, ¿adónde vamos ahora?».
«De vuelta a la finca Harris», respondió Marc con voz fría y cortante.
Dentro del coche, el aire estaba cargado de tensión.
Reclinándose en el asiento, Marc cerró los ojos, perdido en sus pensamientos.
Los recuerdos de la llamada de su tío y del violento incidente en el evento se repetían en su mente, cada detalle parecía parte de un siniestro plan diseñado para acorralarlo.
Identificar rápidamente al conspirador era crucial para proteger a Charlee. Al llegar a la mansión Harris, Marc se dirigió a su estudio y cerró la puerta con llave.
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