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Capítulo 233:
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Ella respondió con una sonrisa sutil: «Aunque aprecio el cariño de Wilma, el amor debe surgir de forma natural. Acogeré como mi nieta a quienquiera que haga feliz a Marc, aunque sea inesperada». Las palabras de Amaya parecían casuales, pero contenían una pizca de advertencia.
El rostro de Eloise cambió sutilmente y se mordió la lengua para no objetar nada más. Era consciente de la intención de Amaya de acoger a Charlee en la familia.
Por el momento, tendría que esperar el momento oportuno y idear una nueva estrategia.
«Estoy de acuerdo, siempre y cuando Marc sea feliz», murmuró Eloise, bajando la cabeza para ocultar el resentimiento que brillaba en sus ojos. «¡Charlee, ya verás!», pensó para sí misma.
En otro lugar, en Green Biopharmaceuticals, el teléfono de Charlee vibró. Vio que era Roland y contestó.
—Charlee, las acciones del Grupo Sullivan están cayendo en picado y los reguladores están empezando a darse cuenta. —La voz de Roland denotaba una satisfacción apenas disimulada.
—Todo está saliendo según lo previsto. Deja que sufran las consecuencias —respondió Charlee con tono frío.
Tras colgar, su mirada se posó en la ventana.
La nueva fábrica, financiada por Roborn, estaba casi lista para su inauguración. Mientras tanto, Marc estaba en su oficina de Harris Group, admirando el paisaje urbano a través de los amplios ventanales.
En su mano tenía una copa de vino, que hacía girar lentamente, perdido en sus pensamientos.
Fenton, situado a una distancia respetuosa, le informó sobre la situación actual del Grupo Sullivan. —Las acciones del Grupo Sullivan siguen cayendo y Keith está desesperado.
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Marc esbozó una sutil sonrisa. —Keith solo puede culparse a sí mismo.
—¿Deberíamos intervenir en la próxima inauguración de la fábrica farmacéutica de Charlee? —preguntó Fenton con cautela.
Marc se volvió, con la mirada afilada como una navaja. «Por supuesto, debemos asegurarnos de que todo salga a la perfección».
Su intención era clara: quería que la empresa de Charlee tuviera un éxito espectacular y estableciera un nuevo estándar en el sector.
Unos días más tarde, Eloise estaba tumbada en el sofá de la residencia Harris, con el teléfono en la mano y una sonrisa falsa en el rostro. «Marc, tu abuela no se encuentra bien últimamente. ¿Cuándo puedes ir a visitarla?».
Al otro lado, la voz de Marc denotaba preocupación. —¿Qué le pasa? ¿Es algo grave?
Fingiendo inquietud, Eloise respondió: —Oh, nada alarmante, solo sus problemas habituales volviendo a aparecer. Dice que le encantaría verte.
—Entendido. Estaré allí esta tarde.
Al terminar la llamada, Eloise esbozó una sonrisa de satisfacción.
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