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Capítulo 228:
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Consideraba que Charlee era toda una actriz.
Y eso le divertía.
—Charlee, ¿cómo podría haber ningún error? —intervino Amaya, con los ojos brillantes y juguetones—. Marc es sin duda mi nieto, eso es seguro. Vosotros dos, jóvenes, deberíais pasar un rato hablando. Yo voy a echar una siesta, pero no perdáis esta oportunidad de poneros al día.
Con esas palabras, Amaya cerró los ojos, aparentemente preparándose para dormir.
Charlee se quedó sin palabras.
De repente, solo quedaban ella y Marc despiertos en la habitación. El aire entre ellos se sentía cargado e incómodo.
El corazón de Charlee se aceleró.
Luchó por mantener la calma, pero le resultaba cada vez más difícil.
—Eh… —dijo, pero Marc la interrumpió con suavidad.
—Charlee, parece que estamos destinados a conocernos.
Su voz era profunda y cautivadora, con un tono juguetón.
—Sr. Harris, creo que ha habido un malentendido… —respondió Charlee, con voz algo tensa.
—¿Oh? ¿Qué malentendido podría ser?
Marc levantó una ceja, con expresión llena de curiosidad mientras la observaba.
Charlee dudó, luchando por encontrar las palabras adecuadas.
Su ansiedad se hizo evidente cuando se mordió el labio nerviosamente, mientras sus pensamientos se apresuraban por encontrar una explicación clara.
Cuanto más pensaba, más enredada y ansiosa se sentía.
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Bajo la intensa mirada de Marc, se sentía expuesta y vulnerable.
—Acabo de recordar que tengo algo urgente que hacer en la oficina —dijo rápidamente, levantándose con movimientos rápidos, como si estuviera huyendo de algo.
—Charlee… —dijo Marc, con la intención de retenerla un momento más, pero se detuvo.
Observó su rápida partida, con una sonrisa en el rostro mientras ella se alejaba apresuradamente.
Charlee no miró atrás mientras salía corriendo de la habitación.
No fue hasta que llegó a la entrada del hospital cuando se detuvo para recuperar el aliento.
Apretando con fuerza la caja de medicamentos, se quedó inmóvil, regañándose a sí misma.
¿Cómo había podido olvidarse de algo tan importante?
Charlee respiró hondo, armándose de valor para volver, cuando de repente se topó con una figura firme.
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