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Capítulo 183:
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Al acercarse a un grupo de casas antiguas, Spencer se detuvo y señaló los edificios con expresión preocupada. —Señorita Sullivan, esta zona parece estar bien en general, pero hay más de veinte hogares de personas mayores.
Charlee asintió levemente con la cabeza, observando la zona deteriorada con el ceño fruncido y una leve preocupación.
A pesar de su excelente ubicación y comodidades, el terreno suponía un reto importante, ya que estos residentes podían obstaculizar su proyecto de desarrollo.
Charlee desvió rápidamente la mirada y dijo: «Vamos allí a ver qué pasa».
Se dirigieron hacia un claro más amplio de la zona.
Ya había varios residentes ancianos, que los miraban con recelo.
«¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hacen aquí?», preguntó una anciana de cabello plateado, apoyada en un bastón, con un tono claramente hostil.
Charlee dio un paso adelante y los saludó con una sonrisa amistosa. «¡Buenas tardes! Soy Charlee Sullivan, de Green Biopharmaceuticals. Nuestra empresa ha obtenido recientemente los derechos de desarrollo de este terreno y estamos aquí para conocer mejor las condiciones actuales».
«¿Conocer las condiciones? Han venido a echarnos, ¿no?», intervino un anciano de complexión robusta, con voz teñida de ansiedad.
Charlee siguió sonriendo tranquilizadora, con tono amable: —No, señor, ha habido un malentendido. No pretendemos echar a nadie. Primero queremos comprender sus preocupaciones y luego…
«¡No hay nada que discutir! ¡No nos vamos a ir!», interrumpió Charlee con firmeza la anciana, con voz fuerte, y añadió: «¡Llevamos muchos años viviendo aquí y no tenemos intención de irnos!».
Los demás ancianos que la rodeaban confirmaron su postura. «¡Sí, eso es! ¡No nos iremos! ¡Nos quedaremos aquí!».
«Por favor, escúchenme un momento…». Charlee intentó calmarlos, pero antes de que pudiera continuar, una anciana que se encontraba entre ellos la agarró repentinamente por el pecho y cayó al suelo.
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«¡Ay, no! ¡Mi corazón! ¡Estos promotores inmobiliarios han venido a acabar con nosotros!». Yacía allí, con el rostro pálido como un fantasma, gimiendo de dolor.
Charlee se quedó momentáneamente sorprendida por la brusca escalada.
Su primer instinto fue ayudar a la anciana, pero los demás ancianos le bloquearon el paso.
«¡No la toques! ¿Qué pretenden ustedes, los promotores, hacernos daño?». El hombre robusto lanzó acusaciones a Charlee, con evidente ira. «¡No nos iremos! ¡No pueden obligarnos!».
La multitud de ancianos comenzó a levantar la voz al unísono. «¡Así es! ¡Los ricos siempre nos pisoteáis! Llevamos años viviendo aquí. ¿Cómo os atrevéis a intentar desalojarnos?».
La zona se sumió en el caos, llena de gritos y maldiciones.
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