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Capítulo 175:
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Keith se quedó en la puerta, plenamente consciente de la farsa de su hija.
—Keith, ya has llegado —dijo Hannah, levantándose rápidamente para saludarlo—. El médico ha dicho que está muy nerviosa y que necesita descansar.
Keith asintió con la cabeza, se acercó a la cama y miró a Stacey. Las lágrimas le corrían por las mejillas. Al ver a su padre, adoptó inmediatamente una actitud aún más delicada.
—Papá…
—¿Qué pasa? —preguntó Keith en voz baja.
Stacey se mordió el labio y las lágrimas volvieron a brotar. Se inclinó hacia él y murmuró, casi inaudible: —Corrie me delató… Dijo que yo le ordené que le hiciera daño a Alexia… Si no hubiera actuado así, me habrían detenido… No puedo soportar un lugar así… —Su voz se quebró, como si fuera a derrumbarse por completo.
Keith la observó durante un momento, con una pizca de satisfacción en el rostro.
Ella los había burlado cuando más importaba.
Sonrió levemente. —Has pensado rápido. La subasta de mañana por esa propiedad está fuera del alcance de Charlee. El Grupo Todd se la quedará sin resistencia.
Una chispa de astucia se encendió en la mirada de Stacey, y su pálido rostro recuperó un poco de color.
Su boca se torció en una sonrisa burlona. —Cuando me case con Liam, ya veremos si Corrie se atreve a acusarme de nuevo.
Se pasó los dedos por los vendajes de la muñeca, con expresión fría y calculadora.
Hannah, inquieta, observó el intercambio de susurros entre padre e hija.
Se acercó a su marido con cautela. —Keith, ¿qué está pasando realmente con Stacey? ¿Por qué la persiguen las autoridades?
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Keith descartó sus preocupaciones con un gesto. «Es un asunto sin importancia. Céntrate en mantenerla tranquila y evitar más problemas».
Sin decir nada más, salió de la habitación.
En el apartamento de Nadia, Charlee y Nadia estaban inmersas en la elaboración de una importante propuesta y revisando documentos de licitación hasta bien entrada la noche.
Charlee se vio obligada a empezar desde cero en la fase de planificación después de que Keith y Stacey le arrebataran a Alexia los materiales esenciales. Su escritorio estaba inundado de pilas de carpetas bajo la brillante luz de la pantalla del ordenador, que iluminaba el rostro concentrado de Charlee. Tecleaba con atención, sus dedos navegaban ágilmente por el teclado, dando vida al proyecto con cada pulsación.
A pesar de la hora tardía, Charlee seguía impecable, con un maquillaje perfecto y un traje elegante, que proyectaba un aura de competencia inquebrantable.
Frente a ella, Nadia, con los rizos sueltos sobre los hombros, detenía de vez en cuando su trabajo para tomar un sorbo de café. Su atuendo informal, compuesto por una camiseta y unos vaqueros, contrastaba con su manejo rápido y eficaz de los documentos, a la altura de la intensidad de Charlee.
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