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Capítulo 160:
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«¿Qué pasó después?», preguntó Harry, sin estar convencido de que un simple accidente de tráfico fuera la única conexión entre Marc y Charlee.
«Su pago fue en forma de servicio personal», respondió Charlee con aire distante, con palabras directas e inesperadamente sinceras.
Harry casi escupe su bebida, y sus ojos se abrieron de par en par al ver a Charlee bajo una luz completamente nueva.
¡Estos dos eran sin duda una pareja única!
«¿De verdad accedió a eso?», preguntó Harry, luchando por tragar su café. Su incredulidad era evidente en su voz.
La suave risa de Charlee fue su única respuesta. Sus expresivos ojos y sus cejas sutilmente arqueadas añadieron un aire de misterio al momento.
Mientras Harry observaba a la fascinante mujer que tenía delante, se dio cuenta de que empezaba a comprender mejor el punto de vista de Marc.
La combinación de confianza, fuerza, encanto y un toque de peligro de Charlee la hacía irresistiblemente cautivadora: ¿quién podría decirle que no?
Divertida por la expresión de desconcierto de Harry, Charlee se levantó y empezó a recoger los papeles de la mesa. Con naturalidad, le ofreció: —Señor Reid, ¿le llevo?
Harry se ajustó rápidamente las gafas de montura dorada, tratando de ocultar su sorpresa.
Sabía que Charlee solo estaba siendo educada; al fin y al cabo, era la mujer a la que Marc había venido a acompañar.
—No, gracias, señorita Sullivan, tengo mi propio coche.
Juntos, salieron de la sala privada y se dirigieron al aparcamiento. De repente, fueron recibidos por unos deslumbrantes faros. Charlee entrecerró los ojos ante el brillo y, unos instantes después, un elegante Maybach negro se detuvo con elegancia ante ella.
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Harry se rió ligeramente y dijo: —Bueno, parece que hoy no va a tener que conducir, señorita Sullivan. Su chófer lleva bastante tiempo esperando.
Siguiendo su mirada, Charlee vio a Marc salir del asiento del conductor, con su traje negro perfectamente entallado a su alta y esbelta figura. Una suave sonrisa se dibujó en los labios de Charlee, cuyo comportamiento irradiaba encanto y elegancia.
Se acercó al coche, donde Marc estaba de pie junto a la puerta, con una presencia sólida e inflexible, como un escudo firme contra cualquier caos.
Hizo una ligera reverencia y le abrió la puerta con suavidad, con sus profundos ojos brillando con una ternura oculta.
Harry observó este sutil gesto y no pudo resistirse a bromear: —Vaya, señor Harris, ¿se ha ablandado? ¿Cuándo ha empezado a ser tan considerado?
Marc le lanzó una mirada fría y penetrante, advirtiéndole en silencio que tuviera cuidado.
La sonrisa de Harry se desvaneció y se aclaró rápidamente la garganta antes de volverse hacia Charlee. —Señorita Sullivan, me voy. No dude en llamarme si necesita algo.
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