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Capítulo 154:
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Justo cuando estaba a punto de marcharse, la voz de Charlee lo detuvo en seco.
—Tío Roland —dijo con frialdad—, sabes que Green Biopharmaceuticals está pasando por dificultades económicas. ¿De verdad esperas que te entregue estas acciones a cambio de nada?
Roland vaciló y su expresión se congeló en medio de una sonrisa.
Se dio cuenta de que Charlee le había ganado la partida. Aclarando la garganta, murmuró con torpeza: «El once por ciento del valor actual no es una cantidad pequeña…».
Los labios de Charlee se curvaron en una sonrisa astuta. Su tono era ligero, pero tajante. «¿A qué esperas? ¿Acaso mi padre no sigue siendo tu red de seguridad financiera?». Sus palabras fueron como una chispa que encendió un recuerdo largamente enterrado.
Años atrás, cuando la empresa de Keith acababa de empezar, Roland lo había arriesgado todo para salvarlo de un incendio.
A cambio, Keith había jurado devolverle el favor, pasara lo que pasara. Al recordar esto, la vacilación de Roland se desvaneció. Dio un golpe en la mesa y dijo con los ojos iluminados: —¡Por supuesto! ¿Cómo podría olvidarlo? Frotándose las manos, sonrió como si la fortuna ya estuviera a su alcance.
«¡Espera mis buenas noticias!», declaró antes de salir corriendo de la cafetería.
Charlee permaneció sentada, bebiendo su café con deliberada tranquilidad.
Un destello frío brilló en sus ojos.
Si Keith no tenía reparos en acorralarla, ella no dudaría en burlarlo y destituirlo del cargo de presidente.
Charlee no era el peón de nadie.
Después de salir de la cafetería, Charlee tomó una decisión inusual y regresó a la residencia Sullivan.
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Antes de entrar, el sonido de risas y charlas alegres llegó a sus oídos.
—Mamá, ¿me queda bien? —La voz de Stacey sonaba alegre y satisfecha.
Charlee frunció el ceño. ¿Qué estaba tramando Stacey ahora?
Entró y encontró a Stacey y Hannah sentadas juntas en el sofá, mirando vestidos en un iPad.
—¿No es un poco exagerado? —preguntó Hannah, mirando una foto de un vestido azul con diamantes incrustados y frunciendo ligeramente el ceño. Aunque el vestido era exquisito, rayaba en lo excesivo.
—Me quedo con este —dijo Stacey con decisión, recordando el impresionante vestido azul de sirena que Charlee había llevado la noche anterior.
La envidia la consumía, implacable y devastadora.
Hannah dudó, sin saber cómo responder.
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