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Capítulo 152:
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Una mirada de satisfacción cruzó el rostro de Stacey al salir de la oficina. Se topó con Charlee justo fuera de la puerta de su oficina. «Charlee, papá te busca», le dijo.
Charlee se detuvo, entrecerrando ligeramente los ojos ante el brillo malévolo de la mirada de Stacey. Al observar el rostro magullado de Stacey, los labios de Charlee se curvaron en una sonrisa burlona. «¿Te duele?».
El rostro de Stacey se retorció de irritación y se marchó enfadada, apretando los dientes.
Charlee llamó brevemente a la puerta antes de entrar en la oficina.
—¿Me has llamado? —preguntó, omitiendo casualmente cualquier título familiar en su saludo.
La mirada de Keith se endureció al mirar a Charlee, recordándole a su madre, una mujer cuya naturaleza enérgica y sin complejos siempre le había hecho sentir inferior.
Al ver ahora esos mismos rasgos en Charlee, su disgusto se intensificó.
Fingió una expresión grave y adoptó un tono paternal mientras la regañaba: «¿En serio? ¿Te has vuelto tan audaz que te olvidas de llamarme papá?». Charlee bajó ligeramente la mirada, ocultando la burla en sus ojos, y replicó con dureza: «No reconozco a un padre que busca humillar a su propia hija».
La ira de Keith estalló y gritó: «¡Charlee!».
Sin inmutarse por su arrebato, Charlee se puso de pie y dijo: «Si no hay nada más, me voy». Empezó a salir.
En un intento desesperado por retenerla, Keith espetó: «¿Cómo conseguiste la invitación para la Gala Benéfica Starlight?».
Charlee tenía claro que Keith siempre tenía un motivo para buscarla. Sabiendo que si descubría la fuente de la invitación, sin duda la utilizaría para conectar con la familia Lawrence, Charlee respondió con frialdad: «Prefiero no hablar de eso».
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Enfurecido por su desafío, Keith agarró una taza de su escritorio y se la lanzó, incapaz de contener su furia.
Para entonces, Charlee ya había abierto la puerta y estaba saliendo. La taza chocó contra la puerta y se estrelló contra el suelo, donde se rompió en pedazos.
Keith, hirviendo de ira, señaló la puerta y gritó: «¡Vete! ¡Vete!».
Charlee salió sin mirar atrás, dejando atrás el caos.
Al salir del edificio, Charlee vio al hermano menor de Keith, su tío.
Una idea se le ocurrió y la impulsó a llamar: «Tío Roland».
Roland Sullivan se volvió hacia ella con una sonrisa falsa. «Charlee, ¿qué te trae por aquí?».
Con pasos deliberados, Charlee se acercó, el clic de sus tacones resonando en el pavimento.
«Tío Roland, tengo una oportunidad de negocio para ti. ¿Te interesa?», murmuró, moviendo apenas los labios.
Ambicioso pero falto de competencia, Roland siempre había estado a la sombra de Keith. Su papel en el Grupo Sullivan tenía poco peso, lo que le hacía hervir de insatisfacción y resentimiento. Charlee lo sabía muy bien y tendió su trampa con cuidado.
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