✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 133:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Los demás asuntos se abordarían cuando Charlee regresara. ¡Las tareas que le había asignado debían completarse!
Sin embargo, lo que Tina encontró en la sala fue una decepción escalofriante.
La mesa de conferencias, destinada a acoger a todo el equipo, estaba casi desierta. Algunos miembros del equipo se entretenían recogiendo sus pertenencias, como si estuvieran a punto de marcharse.
—Arthur, Libby, Elias… —La voz de Tina temblaba ligeramente—. ¿Adónde van todos?
Arthur dejó de recoger sus cosas y la miró con expresión conflictiva, buscando las palabras adecuadas.
—Escucha, Tina —dijo Libby en voz baja, posando una mano sobre el hombro de Tina—. Ni siquiera la Sra. Sullivan puede salvar esta situación; es hora de que nos vayamos.
Confusa y alarmada, Tina insistió en obtener respuestas. «¿Qué está pasando?».
«Acabo de recibir una llamada de Recursos Humanos del Grupo Sullivan», explicó Arthur con voz grave. «Nos han dado dos horas para recoger y volver, o seremos despedidos. Es una orden de la junta directiva».
—¿En serio? —exclamó Tina, palideciendo al instante.
—Quedarnos aquí parecía una buena oportunidad bajo el liderazgo de la Sra. Sullivan, pero ahora es demasiado peligroso —dijo Libby, con expresión desesperada—. Alexia sigue inconsciente en el hospital y no vale la pena correr el riesgo.
—Así es —intervino Elias bruscamente.
«No quiero ser la próxima Alexia. Cualquiera puede hacerse cargo de este proyecto, pero yo he terminado».
Tras decir lo que tenían que decir, recogieron sus pertenencias y salieron de la sala de reuniones, dejando a Tina sola.
úʟᴛιᴍσѕ ᴄαριᴛυʟσѕ єɴ ɴσνєℓaѕ𝟜fαɴ.𝒸o𝓶
«¡Elias, espera!», gritó Tina, extendiendo los brazos desesperadamente, con la voz entrecortada por las lágrimas. «Solo fue un accidente. La Sra. Sullivan lo arreglará todo; solo tenemos que aguantar un poco más».
—No… no puedo —balbuceó Elias, soltándose de su agarre, con la ansiedad a flor de piel—. Este trabajo no vale la pena arriesgarse.
Salió corriendo de la sala, sin atreverse a mirar atrás, con paso rápido, como si huyera de una amenaza inminente.
Tina se quedó sola, hundiéndose en una silla de la mesa de conferencias, con el rostro oculto entre las manos y el cabello cayéndole alrededor, protegiendo su dolor.
En la sala de reuniones, ahora vacía, reinaba una profunda sensación de desesperación.
El ruido de unos tacones rotos el silencio una vez más al acercarse.
Charlee, vestida con un impecable traje negro y tacones altos, entró con paso decidido y echó un vistazo a la sala.
«¿Se han ido todos?», preguntó, mirando a su alrededor con voz teñida de confusión.
Tina, con los ojos enrojecidos y la voz llena de emoción, respondió: «Se han ido todos».
«¿Todos?», preguntó Charlee con sorpresa. «¿Qué ha pasado?». Al principio, el equipo del proyecto estaba rebosante de entusiasmo. Charlee se preguntaba cómo se habían desmoronado las cosas tan rápidamente.
Con una mirada cautelosa, Tina murmuró: «Ha llamado Recursos Humanos del Grupo Sullivan. Les han dicho que si no vuelven a sus puestos, serán despedidos».
.
.
.