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Capítulo 115:
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Mientras tanto, el padre de Marc, Payne Harris, que se había jubilado anticipadamente debido al éxito de Marc, tenía sus propios planes.
Imaginaba un matrimonio entre Marc y la hija de su amigo, con la esperanza de utilizar esa conexión para influir en las decisiones de Marc.
La decisión de Marc de no acudir a la visita de esa noche sin duda trastaría varios planes familiares, preparando el terreno para futuras disputas.
El aroma de una deliciosa comida flotaba en el salón de Charlee.
Charlee, inmersa en una videoconferencia, parecía cómoda con su ropa informal, con el pelo suelto y algunos mechones enmarcando su rostro, suavizando sus rasgos, normalmente afilados.
En la pantalla, Nadia abrió mucho los ojos al ver el festín que había sobre la mesa. «¡Vaya! ¿Estás intentando sobornar a Marc con toda esta comida?».
Charlee soltó una risita mientras descorchaba una botella de vino tinto y la dejaba respirar. «Soborno es una palabra muy fuerte, ¿no? Marc tiene una participación del 20 % en Green Biopharmaceuticals. Simplemente está actuando en su calidad de accionista».
Nadia, con mirada escéptica, hizo un gesto de rechazo con la mano. «Está bien, si tú lo dices, tú siempre tienes razón».
En ese momento, se oyó un golpe en la puerta del salón.
Charlee interrumpió la conversación, le pidió a Nadia que esperara y se levantó para abrir la puerta.
Al abrirla, se encontró con Marc, vestido con un elegante traje negro y con un ramo de rosas rojas en la mano.
Ver a Charlee en un ambiente tan informal pilló a Marc desprevenido, lo que hizo que su corazón se acelerara inesperadamente. Apartó la mirada brevemente antes de entregarle las flores.
«Me encontré con una florista que parecía estar pasando por un mal momento, así que le compré todas las flores. Son para ti».
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Lo que no mencionó fue lo meticulosamente que había elegido cada rosa, examinando cada flor hasta que la florista empezó a mostrar signos de impaciencia.
Las rosas desprendían una vitalidad y una fragancia impresionantes.
Al tocar los pétalos con delicadeza, Charlee sintió una dulzura que se agitaba en su interior.
«Gracias», dijo con una sonrisa radiante, dándole la bienvenida.
Marc entró en la habitación y sus ojos recorrieron la lujosa mesa del comedor. Con tono informal, preguntó: «¿Qué celebramos? ¿Por qué me has invitado?».
Sabía que Charlee siempre era estratégica; nunca actuaba sin un motivo oculto.
Dada la elaborada preparación de ese día, lo que Charlee tenía pensado pedirle debía de ser muy importante.
Después de colocar las rosas en un jarrón, Charlee se volvió hacia él con una sonrisa pícara. «Comamos primero».
La comida fue un placer para los sentidos, perfectamente acorde con los gustos de Marc, algo que no solía ocurrir.
Durante toda la cena, Charlee se tomó su tiempo, cruzando la mirada con él de vez en cuando, con una sonrisa llena de intención.
El comportamiento de Marc en la mesa fue impecable, sus gestos marcados por una elegancia que hacía imposible no mirarlo con admiración.
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