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Capítulo 1113:
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Al final, fue la familia Ellis quien salió victoriosa.
Omar le entregó un bolígrafo, con el rostro impasible. Rebosante de orgullo, Philip firmó con un placer casi teatral.
Omar mantuvo una expresión impasible en todo momento. A continuación, recogió los documentos firmados y se dio la vuelta para marcharse.
—Oh, espere un momento —le llamó Philip.
—Por favor, transmita un mensaje a la Sra. Sullivan de mi parte. —Hizo una pausa para crear dramatismo, saboreando el momento antes de continuar—. Mi más sentido pésame. Espero que encuentre paz en estos momentos difíciles». Tras decir eso, Philip soltó una carcajada de satisfacción.
Omar se detuvo, con el rostro ensombrecido.
No dijo nada y se alejó con expresión fría e impenetrable.
La risa arrogante y chirriante de Philip resonó a sus espaldas.
Una vez dentro del coche, el empleado que lo acompañaba no pudo contenerse más.
«¡El Grupo Ellis realmente nos está acosando!».
Omar le lanzó una mirada y negó con la cabeza. «No digas nada». Después de todo, esa era la decisión de la Sra. Sullivan, y su trabajo era seguir órdenes.
Encendió su tableta con la intención de comprobar las últimas novedades. Sin embargo, en cuanto se cargó la página de inicio, se quedó impactado por el titular que apareció ante él.
«¡Última hora! ¡Marc Harris, director ejecutivo del Grupo Harris, muere en un accidente de coche en Verthurst!».
El titular en negrita apareció en la pantalla.
Debajo del texto se veía una imagen caótica de la entrada del hospital, con los periodistas agolpándose frenéticamente para cubrir el incidente.
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Omar abrió mucho los ojos y le temblaba la mano, a punto de dejar caer la tableta.
¿El Sr. Harris había fallecido?
¿Cómo podía haber sucedido tan de repente?
Innumerables preguntas se agolpaban en su mente, dejándolo atónito y sin palabras.
Mientras tanto, todo el Grupo Sullivan estaba envuelto en un ambiente pesado y sombrío. Los empleados se movían con rostros solemnes y expresiones sombrías.
Omar se dirigió a la oficina de Charlee, llamó a la puerta y entró.
Para su sorpresa, Charlee estaba sentada detrás de su escritorio, cubierto con una variedad de platos, disfrutando tranquilamente de una comida reconfortante.
No había ni una pizca de tristeza en su rostro.
Había dos servicios de vajilla dispuestos como si estuviera esperando que alguien se uniera a ella para almorzar.
Al ver esta escena, Omar se quedó aún más desconcertado, completamente perdido.
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