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Capítulo 110:
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Sujeta con fuerza contra el suelo, la mujer mayor la miró con ira, con desafío en los ojos, y escupió en dirección a Stacey.
«¡No me importa quién seas! Has destruido la vida de mi hijo y me aseguraré de que pagues por ello».
Las manos de Stacey temblaban mientras la furia la invadía. Señaló con un dedo acusador y espetó: «La caída de tu hijo es culpa suya. ¡No te atrevas a culparme por sus errores!».
«¡Deja de mentir!», gritó la anciana, con voz temblorosa pero feroz. Temblando de rabia, señaló con el dedo a Stacey. —¡Le tendiste una trampa para salvarte! Ahora se está pudriendo en la cárcel por algo que tú… —
La multitud que los rodeaba comenzó a murmurar, y la tensión se palpaba en el aire.
—Siempre sospeché que había algo raro. Si no, ¿por qué esta anciana se ve tan desesperada?
—Esta joven actúa como si fuera inocente, pero mírala ahora. No me extraña que esté pasando esto.
Stacey se sintió mareada y todo a su alrededor se volvió borroso.
No esperaba que este escándalo volviera a salir a la luz después de tanto tiempo. La anciana había venido hoy en busca de venganza, creando un gran revuelo.
Stacey respiró hondo, tratando de calmar sus nervios.
No era el momento de discutir con esa mujer desquiciada.
Cuanto más se involucrara, peor se pondrían las cosas.
Con eso en mente, decidió huir del lugar, ignorando los gritos de la mujer mientras se daba la vuelta y corría hacia el edificio de la empresa.
—¡No te atrevas a huir! —gritó la anciana, luchando contra los guardias de seguridad que la sujetaban.
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Stacey entró tambaleándose y se dirigió directamente a la oficina de Keith en estado de pánico.
Sus pensamientos eran un caos y lo único en lo que podía concentrarse era en llegar hasta él. Él sabría cómo arreglar este desastre.
Sin dudarlo, abrió la puerta de un golpe y entró en la habitación. —Papá, ¿no se había resuelto el problema con Green Biopharmaceuticals? ¿Por qué hay tantos periodistas en la entrada…?
Sus palabras se vieron interrumpidas por un jarrón de porcelana que voló hacia ella y se estrelló violentamente a sus pies, esparciendo fragmentos por todas partes.
Stacey se quedó paralizada, con el rostro pálido por la conmoción, mientras miraba a Keith, que estaba furioso.
—¿Me lo preguntas a mí? ¡Este desastre es culpa tuya! —gritó Keith, señalándola con el dedo.
Un fragmento le había cortado la mano a Stacey cuando se rompió el jarrón, pero ella no parecía darse cuenta.
Miró a Keith con incredulidad, con los ojos muy abiertos.
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