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Capítulo 1086:
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Pero para él, ella no era más que una visión desagradable.
Sin detener el paso, se dirigió directamente a la entrada.
Bettina vaciló antes de apresurarse a seguirlo.
—Marc.
Se interpuso en su camino, esbozando una sonrisa forzada.
Marc se detuvo, pero no hizo ningún esfuerzo por ocultar su indiferencia al mirarla.
—¿Qué pasa?
Su voz era fría, distante, desprovista de calidez.
Un destello de dolor cruzó el rostro de Bettina.
—Mi madre ha vuelto a casa. Quiere verte. —Sus ojos buscaron los de él, suplicantes en silencio.
La expresión de Marc siguió siendo indescifrable, pero al mencionar a su madre, su mirada se suavizó ligeramente. Tres años atrás, cuando había caído al mar y apenas había sobrevivido, fue Bettina quien lo había salvado.
Y su madre, Celia, lo había cuidado durante su recuperación.
No podía olvidar aquella bondad.
Exhaló y asintió con la cabeza. —Lo entiendo. La visitaré, con mi esposa, otro día.
Dicho esto, se dio la vuelta para marcharse.
Pero antes de que pudiera dar un paso más, Bettina se acercó y lo agarró del brazo.
—Marc, espera. Ha vuelto para recibir tratamiento médico. Los médicos… no están seguros de poder curarla. Por lo que hicimos por ti, ¿podrías venir a verla? ¿Solo una vez? Es su único deseo».
Su rostro era sincero, sus emociones estaban a flor de piel, lo que despertó algo profundo en él.
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Tras dudar un instante, Marc exhaló y asintió. «Vamos».
Sin mirar atrás, se dio la vuelta y se dirigió hacia el aparcamiento. Detrás de él, Bettina esbozó una sonrisa triunfante.
Marc aún conservaba viejos lazos. Mientras pudiera llevarlo de vuelta a la casa, aún había esperanza.
Rápidamente sacó su teléfono y escribió un mensaje con cuidadosa precisión.
—Mamá, Marc ha aceptado volver conmigo.
—Bien. Ahora déjame el resto a mí.
Bettina apretó los dedos alrededor del teléfono, con un destello de nerviosa emoción en el pecho. Guardó el dispositivo y se apresuró a seguir a Marc.
Cuando llegaron a la villa suburbana, Celia ya había puesto la mesa con un festín cuidadosamente preparado, todos los platos claramente hechos por ella misma.
—Marc, ya estás aquí.
Celia parecía frágil, con la tez pálida, pero aún así logró esbozar una cálida sonrisa al saludar a Marc.
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