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Capítulo 1071:
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«Está bien, te lo prometo». Los labios de Marc se curvaron en una suave sonrisa, y su mirada se llenó de calidez. «No lo volveré a hacer».
Dicho esto, se inclinó y le secó las lágrimas con besos suaves y prolongados, cada uno lleno de tranquila devoción.
Después de un largo momento, ella se apartó ligeramente y su expresión se volvió seria.
Charlee le tomó la mano y lo llevó al sofá, con movimientos firmes pero decididos. Le entregó el documento. «Echa un vistazo a esto». Le explicó su encuentro con Liam y le contó con detalle la impactante revelación sobre la fórmula de su madre.
Marc escuchó con atención, frunciendo el ceño con preocupación. Su expresión se volvió más seria con cada palabra.
Cuando terminó de leer, la miró. —¿Qué quieres hacer?
De camino a casa, Charlee ya había tomado una decisión.
Se trataba de su madre, no podía hacer la vista gorda.
El nombre de su madre no quedaría mancillado, ni aquellos que la habían explotado quedarían impunes.
—Voy a involucrarme. —Su voz era firme, inquebrantable.
Marc entrelazó sus dedos, con un brillo de determinación en los ojos. —Entonces estoy contigo. La próxima vez que veas a Liam, yo también iré.
Fuesen cuales fuesen las verdaderas intenciones de Liam, Marc no iba a permitir que nadie se aprovechase de Charlee.
—Señor Harris, es la hora de su revisión. —Las palabras del doctor López rompieron el momento.
El doctor López abrió la puerta y encontró a Marc y Charlee sentados juntos, con las manos entrelazadas y compartiendo una sonrisa tierna.
Mientras se acercaba, comenzó su revisión rutinaria, con movimientos practicos y eficientes.
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Una vez que terminó, su sonrisa se amplió con satisfacción.
—Sr. Harris, su recuperación va mejor de lo que esperaba. ¡Nada mal! Con unos días más de descanso, podrá salir de aquí.
Al oír esto, Charlee finalmente sintió que le quitaban un peso de encima.
La mirada de Phil se desvió casualmente hacia la pila de documentos que había sobre la mesa, y sus agudos ojos se fijaron en los apellidos familiares.
Su expresión apenas cambió, pero detrás de sus gafas, algo brilló.
—Señorita Sullivan, veo que también está investigando el nuevo medicamento de las familias Haynes y López.
Charlee arqueó una ceja y respondió con suavidad: —¿Ah, sí? ¿Y usted también lo sabe?
El doctor López dudó medio segundo antes de esbozar una sonrisa incómod.
—El mundo de la medicina es pequeño. Las noticias vuelan, ¿verdad?
Con eso, miró su reloj.
—Se está haciendo tarde. Debería irme.
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