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Capítulo 103:
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Pero ahora, al ver la familiaridad entre Charlee y Marc y la clara posesividad en la mirada de este último, todo encajó. Una sonrisa de complicidad se dibujó en su rostro mientras decía: —Ah, usted es el Sr. Harris. Es un placer conocerle por fin. Gracias por su generosa contribución. Sin ella, Green Biopharmaceuticals no habría podido recuperarse tan rápidamente.
Marc esbozó una sonrisa modesta, con voz humilde pero sincera. «Es usted demasiado amable, Sr. Guzman. Solo vi el potencial tanto de Green Biopharmaceuticals como de la Sra. Sullivan».
Mientras hablaba, le dirigió una mirada significativa a Charlee.
Nathan, al oír las palabras de Marc, comprendió la modestia que había detrás de ellas. Años de experiencia le habían enseñado las sutilezas del comportamiento humano. A pesar de la actitud educada de Marc, Nathan podía ver la posesividad en sus ojos.
Asintió con la cabeza y dijo: —Charlee, como el señor Harris tiene asuntos que tratar contigo, te dejo que vayas. No te entretengo.
—De acuerdo, Nathan, nos vamos entonces. —Charlee se despidió educadamente y siguió a Marc hacia el coche.
El Maybach arrancó con fuerza, alejándose a toda velocidad como un coche de carreras, dejando a Nathan atrás, mirándolo desaparecer con un atisbo de preocupación en los ojos.
Dentro del vehículo, el ambiente era tenso.
—¿Adónde vamos? —no pudo evitar preguntar Charlee.
Su pregunta fue respondida con silencio.
Confusa, Charlee miró a Marc y vio que la observaba con intensidad. —¿Qué pasa? —preguntó, frunciendo ligeramente el ceño.
Marc siguió sin decir nada. Sin previo aviso, se inclinó y la besó.
El beso fue apasionado y lleno de intensidad, arrebatando los sentidos de Charlee y dejando sus pensamientos dispersos.
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Ella intentó resistirse, pero su fuerza de voluntad parecía débil frente a la de Marc. Finalmente, se rindió y le permitió tomar el control.
Cuando el beso terminó, ambos estaban sin aliento. Marc la miró con ternura y de repente dijo: «Te he echado de menos».
Las sencillas palabras de Marc, aunque sin adornos, conmovieron algo profundo en Charlee, que permaneció inquieta durante mucho tiempo.
Contuvo la respiración por un momento, pero rápidamente recuperó la compostura y lo apartó. Inclinándose hacia atrás, fingió irritación: «Ya basta. Eres demasiado bueno con las palabras. Seguro que se lo has dicho a muchas otras».
Su raro momento de timidez la hizo parecer entrañable, lo que animó a Marc. Sin decir una palabra, sonrió suavemente y le arregló el pelo y la ropa, que aún estaban un poco desordenados por el beso. Su delicado cuidado le recordaba a alguien que cuida una joya preciosa, lo que hizo que el corazón de Charlee latiera un poco más rápido.
El coche avanzó por la carretera y se detuvo frente a un restaurante pintoresco con un aire tradicional.
Charlee salió y se detuvo un momento cuando Marc le dijo: «Este sitio tiene los platos que te gustan».
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