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Capítulo 924:
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Sacudió la cabeza. —Me temo que no sé mucho, señora Aston. En aquel entonces trabajaba sobre todo para su padre.
«Solo responda esto: ¿cuándo se separaron Keith y Dottie?». La voz de Kamila era firme pero exigente.
Su autoridad era inconfundible. Durante años, había controlado el hogar de los Aston. Keith le había dejado la mayoría de los asuntos domésticos mientras él se centraba en ganar dinero, confiando en que ella se ocupara de todo lo demás.
El conductor sabía que no debía ir en contra de Kamila.
«Un mes antes de que Keith te conociera», admitió.
Kamila frunció el ceño. Sacó su teléfono y sus dedos teclearon rápidamente mientras buscaba información sobre Eileen. Encontró registros detallados, incluida su fecha de nacimiento. Las fechas coincidían.
Metió el papel en su bolso. «Dile al chef que prepare café para mi marido cuando regrese».
«Por supuesto, señora Aston», respondió rápidamente el conductor.
El ataúd de Dottie fue exhumado y transportado al cementerio ancestral de la familia Vázquez. Los guardias montaban guardia, impidiendo la entrada de Keith.
Pasaron cinco largas horas antes de que Dottie fuera finalmente enterrada. Cuando Eileen salió del cementerio, vio la figura de Keith alejándose. Estaba desplomado, cansado, descendiendo la montaña con el peso de la soledad sobre sus hombros.
En cuanto Eileen regresó a la mansión de los Vázquez, Leyla adivinó lo que había sucedido.
«¿Ha vuelto a aparecer Keith?», preguntó.
Eileen asintió. Luego relató todo lo que había sucedido.
Los ojos de Leyla se llenaron de lágrimas.
«¿Deberíamos darle el pase de la familia Vázquez para que pueda visitar la tumba de Dottie siempre que lo necesite?».
Eileen negó con la cabeza, con voz firme. —Abuela, han pasado muchos años. Ahora tiene una familia, una vida propia. Lo que tenemos que hacer es ayudarle a seguir adelante, no seguir alimentando su dolor, atrapándole en el pasado y negándole la paz en su vejez.
Keith ya tenía esposa, hijos y probablemente incluso nietos. Su futuro debería estar lleno de reuniones familiares, no de interminables peregrinaciones a una tumba que nunca le devolvería lo que perdió.
Leyla suspiró. —Tienes razón, Eileen. Cuando hayas controlado las cosas en el Grupo Vázquez, puedes volver a Onaland si quieres.
Eileen dudó. —¿Y tú? ¿Vendrás a Onaland conmigo?
Leyla negó con la cabeza. —Soy demasiado mayor para un viaje así. Me quedaré aquí, cuidando de tu abuelo y de Yalif.
—Entonces no hablemos de eso ahora. El Grupo VQ necesita mi atención; no puedo irme todavía. El corazón de Eileen se llenó de pesadumbre. No estaba posponiendo las cosas, pero los asuntos de aquí todavía requerían algo de tiempo para ser tratados.
Después de que Dottie fuera finalmente enterrada en el cementerio familiar, el alivio de Leyla era palpable, y su sonrisa más brillante de lo que había sido en años.
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