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Capítulo 685:
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El hombre que sujetaba su cuerpo era su marido. Parecía tener unos treinta años y la tez cetrina.
Llevaba un artefacto explosivo casero atado al pecho y nadie se atrevía a acercarse a él.
Eileen, tratando de calmar la situación, dijo: «Cálmese, señor. Como la muerte se produjo in situ, haremos una autopsia. Nuestra empresa reconoce el accidente y ofrecerá una indemnización adecuada».
«¿Es eso lo que cree que quiero? ¿Una indemnización? ¡Esta empresa explota a la gente! El capataz utilizó su relación con el supervisor del Grupo Ferguson para oprimir a los trabajadores. Retuvieron nuestros salarios y llevaron a mi mujer a la muerte. ¡Driscoll Todd mató a mi esposa! ¡Quiero ver a Driscoll! No quiero una indemnización, ¡quiero su cabeza!», gritó el hombre.
Driscoll había huido tras el incidente.
El hombre no tuvo más remedio que tomar esta drástica medida para obligar a Driscoll a salir.
Julio debería haber sido quien se ocupara de este asunto, pero estaba ocupado buscando a Dalores.
Eileen, al escuchar la historia del hombre, comprendió su situación. Tratando de consolarlo, le dijo: «Lo que dices es cierto; el Grupo Ferguson se asegurará de que Driscoll sea detenido y de que se le proporcione la indemnización necesaria. Sin embargo, debes retirarte. Hacer daño a los demás no te devolverá a tu mujer. Sólo causará más pérdidas».
«¿Le importa? ¡Mi esposa está muerta! No tengo nada que perder. Driscoll llevó a mi mujer embarazada a la muerte. Merece ir al infierno», gritó el hombre con angustia.
El hombre estaba ahora emocionalmente inestable y no parecía dispuesto a escuchar nada de lo que Eileen tenía que decir.
Un escalofrío recorrió la espalda de Eileen.
Sabía que el hombre actuaba así porque se le habían acabado las opciones. Además, ni siquiera le había pedido dinero.
Un repentino estallido de emoción sembró el pánico entre la multitud, que se dispersó apresuradamente.
Eileen, sin embargo, permaneció inmóvil mientras observaba al frenético hombre.
De repente, la multitud la empujó y, sin darse cuenta, estaba cayendo hacia atrás.
Benjamin la atrapó rápidamente y la llevó a un lugar seguro.
La situación era grave. Los guardias de seguridad de la empresa se apresuraron a poner a todo el mundo a salvo, y poco después llegó la policía.
«No le hagáis daño. Tenemos que hacer todo lo posible para reparar el daño», Eileen se dirigió a Benjamin. «Debemos ayudarle a encontrar a Driscoll y darle una explicación». Su tono era firme.
Benjamin frunció el ceño y respondió: «La policía se encargará de esto. Mantenga la calma. El asunto no es tan sencillo como crees. Dado que el hombre consiguió hacerse con una bomba y traerla aquí para causar problemas, es probable que haya alguien moviendo los hilos detrás de esto».
Al ver al hombre en su estado de locura y trance, Eileen sintió una punzada de reconocimiento, como si estuviera viendo un reflejo de sí misma.
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