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Capítulo 644:
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El silencio entre ellos se prolongó hasta que llegaron al templo. El camino era llano y entraron juntos.
Hacía meses que no veían a Stella. Su pelo, antes con mechas negras y grises, ahora se había vuelto completamente gris. Sus ojos, nublados y tristes, no la reconocían cuando Jarred anunciaba las visitas.
Pero cuando vio a Bryan y a Eileen, uno al lado del otro, se le iluminaron los ojos. Se agarró a su muleta y luchó por levantarse.
Jarred se apresuró a sostenerla.
Eileen y Bryan avanzaron rápidamente, cogiendo cada uno un brazo para sostener a Stella.
Hacía unos días, los rumores habían corrido como la pólvora. Los rumores hablaban de una leyenda de los negocios atrapada en algún tipo de accidente.
Los que estaban en la oscuridad no tenían ni idea de que se trataba de Bryan, pero los que lo conocían reconocieron de inmediato de quién se trataba.
Stella era una de las pocas que comprendía la situación. El rumor habitual en torno a Bryan había enmudecido.
Más tarde, la noticia de la frenética búsqueda de Eileen se convirtió en la comidilla de la ciudad. Stella había sospechado que algo le había ocurrido a Bryan, pero se aferró a la esperanza, sin saber qué más hacer.
Ahora, sintió que todo había valido la pena cuando Bryan apareció finalmente ante ella.
Se agarró al brazo de Bryan, con los ojos inundados de lágrimas. Se quedó sin habla.
«Cálmate y siéntate. Tómate tu tiempo», dijo Jarred, preocupado por Stella, mientras la guiaba suavemente hasta un asiento.
La expresión de Bryan era una mezcla de emociones. Dijo: «Abuela, hemos venido a recogerte. Voy a casarme con Eileen».
Stella asintió. «De acuerdo. Volvamos. Estaré tranquila cuando te cases».
Eileen y Jarred ayudaron a Stella a hacer las maletas, y luego todos descendieron la montaña.
Cuando llegaron a la mansión Dawson, era poco más del mediodía. Bryan se había preparado con antelación para el regreso de Stella, y los criados les habían preparado el almuerzo.
Eileen y Bryan se sentaron a ambos lados de Stella, con sus sonrisas brillantes mientras charlaban sobre la próxima boda. Pero Stella no tardó en percibir que algo iba mal. Notó la sutil dificultad de Bryan para moverse, aunque no mostró su preocupación. Se le encogió el corazón al verlos.
«Asegúrate de llamar a tu madre y a los demás mañana para discutir los detalles de la boda», dijo Stella, acariciando suavemente la mano de Eileen. «Y tengo un regalo especial para ti. Estoy segura de que te encantará».
Eileen asintió levemente. «Gracias».
Los medios de comunicación se hicieron eco de la próxima boda de Eileen y Bryan. Incluso Zola, desde su celda, se enteró de la noticia.
Esa noche, Zola estaba tumbada en su litera, con la cara amoratada e hinchada. Miraba la luna por la ventana, ensimismada.
¿Eileen y Bryan se iban a casar? No era justo.
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