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Capítulo 397:
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Su respuesta podía parecer superficial, pero Bryan, que solía mantener un comportamiento serio en su vida profesional, pareció valorar aquel comentario desenfadado.
Levantó ligeramente una ceja, viéndola terminar un plato de espaguetis, con una sutil sonrisa jugueteando en la comisura de sus labios.
Ella inquirió rápidamente: «Entonces, ¿qué te gusta de mí? Dime, debo de tener algunas cualidades que otros no pueden sustituir».
En el pasado, cuando había trabajado para Bryan, se había encontrado con numerosas mujeres de orígenes acomodados, todas bastante notables. Entonces, Eileen se había sentido inadecuada.
Pero ahora, creyendo que Bryan la apreciaba, estaba convencida de que poseía rasgos o cualidades únicas que nadie más podía igualar.
Con los brazos cruzados sobre la mesa, Bryan estudió atentamente a Eileen durante un momento. Luego declaró con seguridad: «Eres la madre de Gabriela, y eso es insustituible».
Eileen se quedó sin palabras.
«¡Primero nos casamos y luego llegó Gabriela!».
Con frustración, Eileen señaló a Bryan: «Entonces, ¿estás diciendo que si no hubiera tenido a Gabriela, quizá no estaríamos juntos ahora?».
¿Era posible que Bryan se hubiera reconciliado con ella principalmente por su hija?
A Eileen se le hinchó el pecho y clavó los ojos en Bryan. Parecía muy seria.
«Sólo estaba bromeando». De repente, Bryan tiró de la silla, acercando a Eileen.
La abrazó y sus manos se deslizaron desde su espalda hasta su cabeza.
Le pasó los dedos por la frente y la besó.
«Es porque diste a luz a Gabriela que ella significa tanto para mí».
La expresión de Bryan se tornó solemne. Sus ojos se profundizaron mientras admiraba los labios brillantes de Eileen, besándola una vez más.
«Tú eres lo que más me importa. Hay tantas cosas en ti que me atraen». Sus dedos se movieron de la frente de Eileen y se posaron brevemente entre sus delicadas cejas.
Sus pestañas se agitaron y sus ojos se fijaron en los atractivos labios y la cincelada barbilla de él.
Siguió tocándola, con las yemas de los dedos recorriendo su nariz antes de posarse en sus labios carnosos.
«Mientras seas tú, por ordinaria que seas, me siento atraído por ti». Su voz se tornó ronca cuando selló sus labios, saboreando profundamente su dulzura.
Su cuerpo se inclinó hacia él, con las manos sobre sus muslos macizos, acunada en su abrazo.
La luz de la luna entraba por la ventana de la cocina, bañándolos en un suave resplandor. El delgado cuerpo de Eileen estaba completamente envuelto por él.
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