✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 89:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Cuando llegaron al hospital, una enfermera les aseguró que el incendio había sido controlado y que el pabellón de hospitalización no había sufrido daños.
Sophie se apresuró por el pasillo que le resultaba tan familiar, con el corazón a mil, y se dirigió directamente a la antigua habitación de Selah. Abrió de un tirón el cajón y encontró lo que buscaba: un álbum de fotos muy manoseado que se había olvidado.
Con los dedos temblorosos, pasó las páginas, y el alivio la inundó al ver que todas las fotos estaban intactas.
La última página la hizo detenerse. Allí, guardada a buen recaudo, había una foto reciente de ella y Selah. Todo parecía diferente ahora que la verdad había salido a la luz. Se dio cuenta de todas las incongruencias en la historia de Selah y se preguntó cómo había podido creer aquellas torpes mentiras. Echaba tanto de menos a su madre que se había permitido creer cualquier cosa, solo para mantener viva una pequeña esperanza.
Cerró el álbum y lo guardó a buen recaudo en su bolso.
Su voz sonó áspera cuando dijo: «Ya tengo lo que vine a buscar. Salgamos de aquí».
Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero se negó a dejar que cayera ninguna. La mano de Adrian le acarició suavemente la mejilla, con un tono cálido y firme. «Haré todo lo que pueda para ayudarte a encontrar a tu madre».
Sus palabras la pillaron desprevenida, arrancándole un leve esbozo de sonrisa. «Si la policía no pudo hacerlo, ¿qué te hace pensar que tú podrás lograrlo?».
Ya no había desesperación en su voz, solo una tranquila aceptación de que algunas esperanzas se desvanecían por una razón. En el fondo, ella sabía la verdad. Quizás su madre llevaba mucho tiempo desaparecida. No iba a seguir mintiéndose a sí misma.
Adrian solo sonrió y le pellizcó la nariz ligeramente. «Supongo que tendrás que esperar y ver de lo que soy capaz».
𝗠𝗮́𝘀 𝗻𝗼𝘃𝗲𝗹𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗻𝗼𝘃𝗲𝗹𝗮𝘀𝟰𝗳𝗮𝗻.𝗰𝗼𝗺
Con un suave tirón, le tomó la mano y la llevó afuera, hacia el sol.
Desde lo alto, oculta tras un cristal reluciente, otro par de ojos seguía cada uno de sus movimientos.
Angie estaba en la última planta del hospital, con los brazos cruzados, viendo cómo Sophie y Adrian desaparecían abajo. Su presencia parecía proyectar una sombra sobre la habitación.
Bajó la mirada hacia la frágil figura en la silla de ruedas a su lado, y una sonrisa pícara se dibujó en sus labios. «Echa un vistazo: tu hija parece estar muy bien. Un marido cariñoso. Una vida con la que sueña la mayoría de la gente».
Su mirada se agudizó y su voz se volvió grave y peligrosa. «Pero si no sigues el plan, quizá convierta esa felicidad en miseria. No querrás que le pase nada, ¿verdad?».
La mujer en la silla temblaba, con los nudillos blancos alrededor de la manta. Cualquiera que prestara atención lo habría visto: el parecido sorprendente que tenía con Selah.
Angie se puso de pie con una gracia mesurada, y sus ojos volvieron a posarse en la vista más allá de la ventana. Levantó los dedos y rozó ligeramente el pequeño lunar cerca de su ojo. Su voz sonó baja, apenas por encima de un susurro. «Sophie, nos volveremos a ver muy pronto».
.
.
.