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Capítulo 558:
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Sophie se sumergió en su trabajo durante los días siguientes, dedicando hasta la última gota de energía a la tarea que tenía entre manos. Cuando llegó la fecha límite esa tarde, por fin consiguió entregar la versión final. La presión que la había estado agobiando durante días comenzó a aliviarse.
De repente, su teléfono se iluminó con varios mensajes de Beasley.
«Soso, feliz cumpleaños».
«Has cumplido un año más. ¿Has hecho planes para celebrarlo? Si no es así, ¿por qué no me dejas organizar algo?».
«He dejado pasar demasiados de tus cumpleaños. Seguro que esta vez no dirás que no, ¿verdad?».
Los mensajes dejaron a Sophie paralizada por la sorpresa durante un momento. Claro. Hoy era su cumpleaños.
Desde el día en que su madre desapareció, su cumpleaños se había convertido en un día más, olvidado, sin nadie con quien celebrarlo. Las cosas cambiaron solo cuando Sarah entró en su vida. Después de que Sarah lo descubriera, se dio un puñetazo en el pecho y anunció: «¡Tus días de cumpleaños están en mis manos a partir de ahora». A partir de entonces, cada año Sarah se aseguraba de recordarlo, llevándola a comer tarta sin falta.
Este año era diferente: ella se encontraba en Dranland, mientras que Sarah estaba al otro lado del mundo. Se había resignado a pasar otro cumpleaños tranquilo, muy parecido a aquellos solitarios que siguieron a la desaparición de su madre.
Lo que la pilló desprevenida fue que Beasley también había tenido presente la fecha.
Algo tierno floreció en su corazón. Sin pensarlo, una sonrisa se dibujó en su boca y empezó a escribir un mensaje de aceptación cuando su teléfono volvió a vibrar.
Esta vez, el nombre de Sarah apareció en la pantalla.
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«¡Sophie! ¡Ahora mismo! ¡En este instante! ¡Baja al vestíbulo de la primera planta en el ascensor! ¡Te espera una sorpresa! ¡Date prisa!»
La inesperada urgencia dejó a Sophie desconcertada, y respondió: «¿Qué pasa? ¿Por qué tanto misterio?»
Sarah se negó a desvelar la sorpresa y se quedó en silencio.
Con la curiosidad a flor de piel, Sophie bajó en el ascensor hasta la entrada de la planta baja del edificio. Echó un vistazo a los alrededores. Todo parecía normal: el ajetreo habitual de empleados y visitantes yendo de un lado a otro. Nada le llamó la atención como algo inusual.
Desconcertada, buscó su teléfono para llamar a Sarah.
Sin previo aviso, unos brazos la rodearon por detrás.
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