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Capítulo 347:
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Pero Adrian sabía que algunas verdades pesaban demasiado como para compartirlas todas de golpe. Hasta que tuviera pruebas irrefutables, le ahorraría esa carga.
Sophie le presionó de todos modos, con la voz débil por la ansiedad. «¿Qué sabes exactamente?».
Adrian respondió con cautela y delicadeza. «Por ahora, solo es una sospecha. Pero creo que te tienen en el punto de mira por el pasado de tu madre. ¿No te has dado cuenta? Cada vez que alguien de su bando se te acerca, sacan a relucir a tu madre, y parecen conocer detalles que nadie más sabría».
La realidad dejó a Sophie paralizada. Habían pasado dos décadas desde que su madre desapareciera, perdida en un mundo con escasa documentación y aún menos recuerdos.
«¿La han visto?», preguntó Sophie con voz quebrada por la esperanza y la desesperación.
Esa esperanza brilló con más intensidad. «¿Significa eso que podría seguir viva?».
Adrian se inclinó hacia ella, acariciándole la espalda, con voz firme y cálida. «No dejaré de buscarla. Te lo prometo».
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Su tono se volvió más firme. «Escúchame, Sophie. Si alguien te vuelve a preguntar por tu madre, tienes que decírmelo inmediatamente. Sin excepciones».
Su mente daba vueltas, la información era casi demasiado para procesarla.
«¿Has oído lo que he dicho?» Le tomó la barbilla entre las manos, obligándola a mirarle a los ojos.
Tras una respiración temblorosa, ella asintió. «Sí. Lo prometo».
Él no cedió. «No vayas a investigar por tu cuenta. No dejaré que te expongas al peligro. Estamos juntos en esto, sin secretos».
Sophie esbozó una leve sonrisa, tratando de ahuyentar la pesadez. «Está bien, cariño. Lo entiendo».
Una mirada más tierna sustituyó a la preocupación en los ojos de Adrian. «Eres todo mi mundo, Sophie. Ahora solo estamos nosotros, siempre».
Ella se apoyó en sus brazos y susurró: «Entonces, ¿qué hacemos ahora? ¿Vamos a quedarnos mirando cómo desaparece?».
Adrian le acarició el pelo, manteniendo la voz firme y tranquila. «Por ahora, esperamos. Están nerviosos. Cuanta más presión ejerzamos, más probable es que cometan un error».
El enemigo ya había mostrado sus cartas antes, incluso dejando que Michelle los atrajera a una trampa. Pero esta vez, la participación directa de Angie le decía una cosa a Adrian: la gente que estaba detrás de ella se estaba desesperando.
Ya había puesto a su gente tras la pista del Grupo Crawford, asegurándose de que se vigilara cada movimiento. Su plan era sencillo: mantener la presión hasta que sus enemigos cometieran un error.
Durante un rato, los dos se limitaron a abrazarse, en un silencio cargado de promesas tácitas. Adrian jugueteó distraídamente con un mechón de su pelo, saboreando su cercanía.
Tras un momento, rompió el silencio, recuperando la calidez en su voz. «Mañana es sábado. ¿Tenéis planes?»
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