✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 9:
🍙🍙🍙 🍙 🍙
Gracie se giró ligeramente y vio a Lia salir con elegancia de entre la multitud.
Su belleza era deslumbrante: una mezcla etérea de aplomo e inocencia que despertaba de forma natural el instinto de los hombres de protegerla. A su izquierda, Ellie y Theo acababan de intercambiar anillos. En el momento en que Ellie vio a Lia, su sonrisa se hizo más amplia, transformándose en algo demasiado complacido.
Todo volvía a suceder: la historia se repetía como una broma cruel de otra vida. Solo que esta vez, la destinada a la humillación era Gracie, no ella.
—Esto es una caja de música —dijo Lia en voz baja, acercándose a Gracie y Brayden con un aire de calma que no lograba ocultar del todo su temblorosa compostura. Sus delicados dedos rozaron la tapa mientras sonreía: una curva suave, casi inocente, que no lograba ocultar la melancólica tristeza de sus ojos. Murmuró, con una voz que transmitía el dolor justo para conmover a la multitud: —Fue un regalo de Brayden. Un símbolo de nuestro amor.
Solo ellos tres captaron sus últimas palabras.
𝘕о𝘃𝖾𝘭𝘢𝗌 𝗰hіn𝗮𝘀 𝘁𝘳аdu𝗰i𝖽𝖺𝗌 е𝗻 nо𝘃е𝗅аs4𝘧a𝗇.соm
Brayden apretó la mandíbula, con un destello de ira en los ojos. «Lia, vete a casa».
Se lo había dicho innumerables veces: su matrimonio con Gracie no era más que una fachada conveniente.
Habían acordado que, cuando llegara el momento adecuado, lo terminarían de forma limpia, sin dejar ningún lazo atrás.
Sin embargo, Lia, frágil y ansiosa, nunca podía dejarlo estar: siempre dudando, siempre preguntando si él aún la amaba, como si oírlo una vez nunca fuera suficiente.
Con tranquila serenidad, Gracie sonrió, sin que le incomodara aquella escena tan familiar.
—Dentro está nuestra canción, Brayden —dijo en voz baja.
Lia actuó como si Brayden no hubiera dicho nada. Con dedos temblorosos, abrió la tapa y puso en marcha la caja de música. Quería que todos los invitados a la boda vieran —que entendieran— que era ella, y no Gracie, a quien Brayden había amado de verdad.
Aunque su rebeldía enfureciera a Brayden, no le importaba. Lo único que quería era que Gracie recordara este día para siempre, con nada más que odio en su corazón hacia el hombre con el que se había casado. Solo entonces podría estar segura de que él nunca se le escaparía de las manos.
Al levantarse la tapa, la caja de música cobró vida, y sus notas tintineantes flotaron por el salón.
La calma de Gracie se tambaleó; una leve sonrisa se dibujó en sus labios, con un destello de curiosidad en los ojos.
Pero la melodía nunca llegó. En su lugar, una grabación chirriante salió del diminuto altavoz.
«Me he mantenido a su lado todo este tiempo, y lo único que recibo son regalitos sin valor. Ya verás: en cuanto me case con la familia Stanley, me aseguraré de que me ceda acciones de la empresa».
La voz pertenecía sin lugar a dudas a Lia.
Lia se quedó paralizada. ¿Cómo podía ser? Sus dedos temblaban mientras intentaba detener la grabación a tientas, y el pánico se reflejó en su rostro cuando miró a Brayden.
Su expresión se había vuelto tormentosa, y esa mirada gélida la dejó paralizada.
Abajo, los invitados susurraban en una creciente marea de curiosidad y conmoción.
Ellie, que esperaba disfrutar del drama, sintió una extraña mezcla de irritación e inquietud.
Solo ella poseía la ventaja de los recuerdos de otra vida. ¿Quién más podría haber saboteado la pequeña actuación de Lia si no era ella? ¿Cómo podía ser posible?
.
.
.