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Capítulo 861:
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Dentro de la casa principal, Kevin ocupaba el asiento a la cabecera de la mesa del comedor. Comía sin prisas, con la mano temblando ligeramente al levantar el tenedor, aunque su postura se mantenía rígida y erguida.
Valeria se sentó a su lado, empujando distraídamente la comida de su plato sin comer nada.
Al otro lado de la mesa, Gracie levantó la vista en el momento en que Brayden entró, arqueando ligeramente una ceja. «Ya has vuelto».
Brayden asintió brevemente y tiró de la silla junto a ella.
Valeria soltó un suspiro silencioso y dejó los cubiertos sobre la mesa. «Voy a llamar a un exorcista. Fíjate en todo lo que le ha pasado a nuestra familia. Theo se ha ido, Erik está en el hospital y ahora el escándalo de Aiden. Esta familia está maldita».
Kevin dejó el tenedor en el plato, con voz firme y controlada. «Tonterías. Eso es una superstición sin sentido».
Valeria entreabrió los labios como para responder, pero las palabras nunca llegaron a formarse.
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Kevin siguió observándola. «Nada de esto tiene que ver con una maldición. Son simplemente el resultado de viejos problemas familiares que nos están pasando factura. Los pecados de Erik, el pasado de Theo, la ambición de Aiden… ¿De verdad crees que un exorcismo podría cambiar algo de eso?».
Gracie siguió comiendo en silencio, manteniéndose deliberadamente al margen de la discusión.
Brayden desvió la conversación hacia otro tema. «Hay un problema con las operaciones en el extranjero. Tengo que viajar allí personalmente».
Kevin asintió. «Adelante. Solo asegúrate de que se resuelva el asunto».
Un pesado silencio se apoderó de la mesa, solo perturbado por el leve tintineo de los cubiertos contra los platos.
Tras la comida, Gracie regresó al dormitorio para ayudar a Brayden a preparar el equipaje. Abrió el armario, seleccionó varias camisas, dobló cada una con cuidado y las colocó con esmero dentro de la maleta.
Brayden se quedó a unos pasos de distancia, observándola. «Si pasa algo, ponte en contacto con Charlie. Ya le he informado de todo. Además, los sirvientes podrían encargarse de hacer las maletas».
Gracie siguió doblando sin levantar la cabeza. «Soy tu esposa. Quiero encargarme de ello yo misma».
Brayden se acercó y la rodeó con los brazos por detrás, posando las manos suavemente sobre su vientre redondeado. «Hagámonos una foto juntos».
Ella se detuvo y lo miró. «¿Por qué?».
Él ya tenía el teléfono en la mano, con la cámara abierta. «Para que, cuando empiece a echarte de menos a ti y a los bebés, tenga algo que mirar».
Gracie se rió suavemente. «Solo te vas al extranjero por trabajo. ¿Por qué hablas como si no fuéramos a volver a vernos nunca más?».
Sin responder, Brayden levantó el móvil y tomó la foto. Gracie ladeó ligeramente la cabeza, con una suave sonrisa en los labios. Él se colocó detrás de ella, abrazándola con fuerza, con la barbilla apoyada ligeramente en su hombro mientras miraba hacia la cámara. Guardó el móvil en el bolsillo y le dio un suave beso en la frente. «Porque no quiero estar lejos de ti ni un solo segundo».
Gracie lo miró. «Qué labia tienes».
Brayden soltó una pequeña risa, pero no lo negó. Aflojó los brazos que la rodeaban y cerró la maleta. «Debería irme».
Ella asintió. «Ten cuidado».
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