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Capítulo 43:
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Lia palideció; no se esperaba la franqueza de Gracie.
La mirada de Gracie la recorrió de arriba abajo, tranquila pero cortante como una navaja. «Dime, ¿de verdad crees que tienes derecho a estar junto a mi marido en este momento?».
Antes de que Lia pudiera articular una respuesta, Brayden retiró su mano de su brazo, con un movimiento pausado pero decidido. Girándose ligeramente, le dijo a Charlie: «Acompaña a Lia a cambiarse de ropa. Puede esperarme fuera».
Los ojos de Lia brillaban con lágrimas contenidas, pero sabía que no debía desafiar a Brayden. Con una compostura rígida, siguió a Charlie fuera del local.
Brayden se volvió hacia Gracie, con un destello de sorpresa cruzándole el rostro. Esa versión de ella, tan segura de sí misma y afilada como una navaja, era algo que nunca había visto antes.
Gracie arqueó una ceja, con una leve sonrisa burlona esbozándose en sus labios. —Ya van dos veces. ¿No me dirás que de verdad crees que he venido a buscar pelea con tu preciada novia?
Un bufido de desprecio se le escapó. —¿Me tomas por tonto? —La mirada de Brayden se desvió hacia Theo entre la multitud, y su expresión se tensó.
Theo sabía exactamente el caos que podía provocar la aparición de Lia en esta subasta, y aun así la había traído, como si desafiara a la tormenta a que se desatara.
—¿Ah, sí? ¿No se acaba de ir Theo de luna de miel con Ellie? —La voz de Gracie flotó suavemente a su lado, teñida de diversión.
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—Han vuelto esta mañana —dijo Brayden, mirándola a los ojos. Su tono se suavizó, pero conservaba un matiz de advertencia—. No habrá un tercer incidente. Hablaré con Lia… pero no la conviertas en tu objetivo otra vez.
—Más te vale cumplirlo. No tengo paciencia para dramas —respondió Gracie con una leve sonrisa cómplice antes de deslizarse hacia la mesa de postres.
La subasta benéfica no se limitaba a pujar; era un escenario ideal para forjar nuevas conexiones y ampliar el círculo social.
Sintiendo cómo le rugía el estómago tras toda una tarde sin comer, Gracie se alejó de Brayden. Acababa de dar un mordisco a un macaron cuando una voz burlona atravesó el murmullo a sus espaldas.
«¿No te da vergüenza? ¿Qué te hace creer que este es tu sitio?». Ellie estaba allí de pie con los brazos cruzados, y la pulsera de diamantes que lucía en la muñeca reflejaba la luz como para enfatizar su argumento. «Si fuera tú, estaría escondida en casa en lugar de pavoneándome así».
Gracie le lanzó una mirada fría, con un tono monótono pero cortante. —Si tú tienes el valor de aparecer por aquí, ¿por qué no iba a tenerlo yo? —Volvió a centrarse en su postre, negándose a malgastar ni un segundo más en alguien tan por debajo de su nivel.
Ellie se quedó unos pasos atrás, con un vaso de zumo colgando de sus dedos mientras fijaba la mirada en Lia al otro lado del salón. Sus labios esbozaron una leve sonrisa. «Mírala, qué delicada. Cualquier hombre sentiría la necesidad de protegerla. Aunque hoy la eclipses, ¿qué sentido tiene? Tarde o temprano, desearás no haberlo hecho».
El comentario tensó los rasgos de Gracie; un frío nudo de aprensión se instaló en su pecho. «¿Qué intentas decir?», preguntó en voz baja.
Los ojos de Ellie brillaban con una especie de diversión cruel. «He leído las señales. El futuro de Brayden no es prometedor. Hay sangre en su destino, una terrible calamidad». Se inclinó hacia ella, bajando la voz hasta convertirla en un susurro. «Muy pronto, estarás cuidando a un hombre destrozado y marcado hasta quedar irreconocible». Sus palabras rezumaban malicia, y su sonrisa se amplió como si ya pudiera ver ese espantoso día desarrollándose ante ella.
La expresión de Gracie se tensó, aunque pronto una brillante sonrisa curvó sus labios. «¿Ah, sí? He aprendido un poco a leer a la gente. Por lo que veo, Brayden nació para triunfar. El poder le sigue, y la fortuna siempre se inclina a su favor».
Ellie soltó una risa breve y burlona. «Sigues hablando sin parar. Algún día te tragarás esas palabras». Su tono rezumaba desdén, convencida de que Gracie solo fingía que no le importaba.
Al captar el sutil gesto de Theo, los labios de Ellie se torcieron en una sonrisa coqueta. «El mes que viene, cuando la investigación de Theo salga al mercado, la familia Stanley tendrá un nuevo heredero. Disfruta de tu pequeño momento mientras dure».
Mientras Ellie se alejaba con aire despreocupado, la tenue sonrisa de Gracie se desvaneció. Su mirada siguió la figura de Ellie que se alejaba, y sus ojos se oscurecieron, sumidos en sus pensamientos.
En su vida anterior, el proyecto de regeneración nerviosa de Theo acababa de salir al mercado cuando, seis meses después, el accidente de coche de Brayden lo destrozó todo: su futuro, su cuerpo y el equilibrio de poder en la familia Stanley.
Gracie bajó las pestañas mientras murmuraba: «Así que… ¿esta vez planeas atacar pronto?».
Sin embargo, esta vez, la tecnología de regeneración nerviosa no era de Theo, y Brayden no acabaría con cicatrices ni lisiado. Su trampa, cuidadosamente tendida, estaba condenada al fracaso.
Levantando la mirada, Gracie dejó que una férrea determinación se apoderara de sus rasgos.
Se juró a sí misma que nunca volvería a revivir la pesadilla que la había destruido una vez.
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