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Capítulo 249:
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«¿Qué te llama la atención, Theo?», preguntó Ellie con un tono grave y amenazante.
Theo apartó la mirada de inmediato y se concentró en la pantalla, actuando como si ella no hubiera dicho nada.
La mirada de Ellie se deslizó directamente hacia Gracie, con los ojos llenos de amargura y celos.
No podía entenderlo. Habían tomado caminos completamente diferentes en la vida, y sin embargo, la mirada de Theo siempre volvía a Gracie. ¿Era porque Gracie tenía una mejor formación académica? Para Ellie, Gracie era dolorosamente corriente: callada, insulsa y sin nada que mereciera la pena destacar.
Cerca del borde de la pista de montaña, la carrera estaba a punto de comenzar.
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Brayden, vestido con un elegante equipo de carreras negro, caminaba con confianza hacia su coche. Una oleada de exclamaciones de sorpresa recorrió la multitud.
«¡Brayden ha venido de verdad! ¡Llevamos años sin verlo correr! Para alguien como él, estas pequeñas competiciones ya deberían estar por debajo de su nivel».
«¡Esta noche es nuestra noche de suerte! Vamos a verlo en acción».
«¡Presten atención y aprendan, todos!».
Aiden estaba junto a su coche, ajustándose los guantes, irradiando seguridad. Ganar esta carrera significaba asegurarse un proyecto prometedor. Lo había planeado todo al detalle de antemano.
Entonces se armó un alboroto a sus espaldas.
Se giró y, al ver a Brayden acercándose, su rostro se tensó. «¿Brayden? ¿Tú también vas a correr?».
Esbozó una sonrisa forzada. Sus planes eran impecables… o eso creía él.
Que Brayden apareciera era lo único que nunca había imaginado.
Se sintió inseguro.
Brayden se acercó a su coche y le lanzó a Aiden una mirada tranquila y firme. «Bueno, al fin y al cabo, el premio al final de todo esto es el proyecto relacionado con la zona sur».
Una pequeña y juguetona curva se dibujó en sus labios. «¿Tú también vas a por él?».
Aiden parpadeó, tomado por sorpresa, y luego se recompuso. «Hago lo que es necesario para la empresa».
Brayden abrió la puerta de su coche y dijo con ligereza: «Bien. Contigo por aquí, toda la empresa se siente más segura».
Aiden sintió un repentino escalofrío recorrerle el pecho y un sudor frío comenzó a brotarle por la frente. Oculta tras ese comentario casual había una advertencia… y una amenaza.
La cuenta atrás terminó y sonó la señal de salida.
Los motores rugieron, retumbando por el valle mientras los coches salían disparados hacia delante, devorando la carretera.
Aiden apretó con fuerza el volante, con los ojos llenos de feroz determinación. «Brayden, me niego a perder. ¡Tengo que ganar el proyecto!».
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