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Capítulo 1003:
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Gracie dejó la taza sobre la mesa sin que ni un atisbo de sorpresa se reflejara en su rostro. «Era inevitable. Una vez que la noticia de anoche se difundió como lo hizo, las autoridades tenían todas las razones para intervenir».
«Pero los datos se publicaron ayer mismo. Que hayan venido tan rápido…», la voz de Phoebe se quebró y dejó la frase en el aire.
«Deja que investiguen», dijo Gracie, disipando su vacilación con una calma mesurada. «Cada experimento que hemos realizado, cada registro que hemos conservado, todo cumple con los estándares exigidos. Nuestro trabajo no necesita defensa; habla por sí mismo. Dile al equipo que se mantenga concentrado y que todo siga funcionando con normalidad».
Phoebe asintió, aunque la inquietud nunca llegó a desaparecer del todo de sus ojos. «¿Y si alguien intenta interferir? Lyndon no es el tipo de hombre que se limita a observar cómo se desarrollan las cosas sin intentar inclinar la balanza».
«Y precisamente por eso está perdiendo mucho más sueño por esto que nosotras», respondió Gracie, con una leve sonrisa asomándose en la comisura de sus labios. «Theoria Sciences guarda secretos que nosotras no tenemos. Con las tres empresas bajo el mismo microscopio, no es difícil averiguar quién tiene más que perder».
La preocupación en el rostro de Phoebe dio paso poco a poco a la comprensión, y sus hombros se relajaron visiblemente. «Ya veo a qué te refieres. Me encargaré de todo de inmediato».
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Se levantó de la silla y se detuvo en la puerta, con una mano apoyada en el marco mientras miraba hacia atrás. «No dudes en llamarme para lo que sea».
Gracie asintió levemente, con la mirada siguiendo a Phoebe hasta que la puerta se cerró suavemente tras ella.
El silencio volvió a apoderarse de la habitación, dejando que solo el pitido constante y pausado del equipo médico llenara el silencio.
Cogió el teléfono de la mesita de noche y, como guiada únicamente por el instinto, abrió sus mensajes.
Había un mensaje sin leer esperándola, con la hora de envío a las 3:17 de la madrugada.
Lo abrió.
«He llegado al nuevo laboratorio. Me pondré en contacto contigo en cuanto pueda. Quería que te dijera que te echa de menos».
Esa breve frase hizo que a Gracie se le acelerara el corazón.
Nunca tuvo ninguna duda de quién era «él».
Notó un calor punzante en el rabillo de los ojos y sus dedos temblaron casi imperceptiblemente mientras se aferraban con fuerza al móvil.
No podía apartar la mirada de las palabras: «te echa de menos».
Se quedó mirándolas hasta que las letras empezaron a nadar y a difuminarse, cada una de ellas grabándose a fuego en su memoria como si tuviera la intención de quedarse allí para siempre.
Comprendía a qué había renunciado Brayden para estar donde estaba: un nombre prestado, un disfraz peligroso, su propia seguridad; cada sacrificio tenía un único objetivo: desmantelar la amenaza de Lyndon antes de que pudiera extenderse más.
Sin embargo, por mucho que lo razonara, no lograba disipar el miedo que se había enroscado en su pecho y se negaba a soltarla.
Y ahora, después de todo este tiempo, por fin tenía noticias suyas.
Por escasas que fueran, esas pocas palabras aliviaron un poco la carga que pesaba sobre su corazón.
Brayden estaba actuando en el extranjero y, por lo que parecía, su influencia ya había comenzado a abrirse camino de vuelta a casa.
Volvió a abrir los ojos, con una determinación silenciosa afianzándose tras ellos.
El teléfono vibró contra su palma: Phoebe.
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