✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 960:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Helena había sido mucho más astuta de lo que habían previsto. Les había dicho que solo iba a llevar a Van Dyck al médico en la ciudad y que volvería enseguida, insistiendo en que no hacía falta que la acompañaran. Luego, Van Dyck había regresado solo, explicando que Helena se había adelantado a Colorado Springs para ver a un especialista. Esther y Van Dyck se habían puesto frenéticos e insistido en ir tras ella. Incapaces de detenerlos, los guardias los habían acompañado.
Tenían la intención de informar de todo a Alfa Sebastián, pero Esther y Van Dyck les habían suplicado que guardaran silencio: solo querían traer a Helena a casa sana y salva. Temiendo su ira de cualquier modo, los guardias habían optado por el silencio.
—Abuela, ¿dónde está el médico? ¿Por qué tarda tanto? —preguntó Cecilia, esbozando una sonrisa forzada.
Ya se estaba preguntando si Tang tendría que actuar allí mismo si llegaba el caso.
Helena respondió con total calma: «Ha salido a recoger a alguien. Solo tenemos que esperar».
𝖣eѕ𝘤𝘂b𝗿𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘃𝘢𝘀 𝗁𝗂s𝗍𝗼𝗋і𝘢ѕ еn 𝗇𝘰𝗏𝗲l𝖺𝘀𝟦𝖿а𝘯.𝗰о𝘮
La tensión en la habitación se hizo más densa mientras los pensamientos de Cecilia se aceleraban.
Esto no era solo una cita rutinaria. Había algo que no encajaba, incluso algo peligroso.
«¿Quién es tan importante como para que el doctor tenga que ir a recibirlo en persona?», preguntó, observando el rostro de su abuela en busca de cualquier atisbo de vacilación.
«Ya lo verás muy pronto», respondió Helena con una sonrisa misteriosa, acariciando la mano de Cecilia.
Una sensación de desánimo se apoderó de ella.
«Abuela», dijo lentamente, con voz firme, «no habrás quedado con Martha Locke, ¿verdad?».
Helena se rió entre dientes y le dio un golpecito en la nariz a Cecilia. «Qué lista eres. Lo has adivinado».
Cecilia se quedó sin aliento.
Miró a sus padres, esperando ver sorpresa, o al menos algún atisbo de preocupación. Sus rostros permanecían tranquilos. Demasiado tranquilos.
¿Por qué no reaccionan? pensó, con el pulso acelerándose. ¿No entiende mamá lo que esto significa? ¿No está ni siquiera un poco preocupada? Y papá… ¿por qué no dice nada? ¿Ya lo sabía?
Nada de aquello tenía sentido. Su expresión se endureció.
«Mamá, abuela, ya les he dicho a ambas lo peligroso que es esto. ¿Por qué no me escuchan?». Su voz sonó más aguda de lo que pretendía. «¿Creen que estoy exagerando? ¿Creen que todo va bien solo porque Martha está involucrada? Ni siquiera puede protegerse a sí misma. Hace unos días casi la matan».
Helena abrió mucho los ojos. «¿Qué?».
Esther jadeó, y se le fue todo el color de la cara.
Van Dyck agarró la mano de su esposa y se volvió hacia su hija. «¿Cómo lo sabes? ¿Quién te lo ha dicho? ¿Es eso cierto?».
Cecilia se inclinó hacia delante, deseando que lo entendieran. «Lo vi con mis propios ojos. He estado en la casa de montaña de Martha estos últimos días. Si Sebastián no hubiera venido desde Denver esa noche, podría haber pasado algo terrible». Su voz se endureció aún más. «Cassian dijo que era seguro, pero mirad lo que pasó. Y Zane apareció después y no hizo nada. Antes no pudo proteger a su mujer, y ahora ni siquiera puede proteger a su propia madre. Es un inútil».
Quería que lo sintieran: el peligro, el caos que siempre parecía seguir a los Locke.
Helena y Esther se quedaron paralizadas, luchando por asimilar lo que acababan de oír. La expresión de Van Dyck se ensombreció por momentos.
Habían creído que la presencia de Martha significaba seguridad: que Zane protegería a su hija perdida hacía tanto tiempo, que con Zane y Sebastián involucrados, Maggie no se atrevería a hacer nada. Pero si Martha no estaba a salvo en su propia casa, ¿qué posibilidades tenía Cecilia?
La voz de Esther temblaba. «Mamá, quizá deberíamos replantearnos esto».
.
.
.