✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 89:
🍙🍙 🍙 🍙 🍙
Sus reacciones fueron respuesta suficiente.
La desaparición de Cecilia estaba relacionada con ellos. No había duda.
Punto de vista del autor
Alpha Xavier, que había estado apartado a un lado, finalmente estalló.
Se abalanzó hacia delante y agarró a Thomas Dunn por el cuello, con el rostro desencajado por una furia incontrolable.
—¿Dónde está mi compañera? —gruñó con un sonido áspero y apenas humano—. ¿Qué le has hecho?
Su ira era aterradora, primitiva, como si fuera a destrozar al hombre en cualquier momento.
—¿Quién… quién eres tú? —se atragantó Dunn, luchando contra el férreo agarre de Alpha Xavier.
Con un crujido repugnante, el Alfa Xavier estrelló la cabeza de Thomas Dunn contra la mesa de conferencias.
El sonido resonó en toda la sala.
Todos se estremecieron.
Parecía como si el cráneo de Dunn se hubiera fracturado con el impacto.
La sala se quedó en silencio, cada persona temiendo ser la siguiente.
Alfa Sebastián observaba con fría indiferencia, con una expresión indescifrable.
Beta Sawyer observaba con inquietud. Lo primero que se le pasó por la cabeza no fue si Thomas Dunn sobreviviría, sino que, si Cecilia había estado casada con un hombre así, debía de haber soportado abusos terribles.
El alfa Xavier levantó bruscamente la cabeza de Dunn, con los ojos ardientes.
—Dime dónde está mi compañera. Ahora mismo.
—Yo…
Encuentra más en ɴσνє𝓁α𝓼4ƒα𝓷.c♡𝓂 para seguir disfrutando
La sangre brotaba de la nariz de Dunn mientras intentaba hablar, pero una mirada al rostro de Alfa Xavier le indicó que la siguiente palabra podría ser la última.
—Si quieres morir, puedo encargarme de ello —gruñó Alpha Xavier, con las venas hinchadas en las sienes y sin control alguno—.
—¡Te lo diré! ¡Te lo diré! —gritó Dunn por fin.
Un golpe más y estaría muerto.
Varios empleados sintieron que el corazón se les subía a la garganta.
Algunos dieron un paso adelante instintivamente.
Se quedaron paralizados al instante.
La sola mirada de Alfa Sebastián los detuvo en seco. Sus ojos prometían la aniquilación a cualquiera lo suficientemente tonto como para interferir.
Si dejaban hablar a Dunn, estaban acabados.
Si intentaban detenerlo, correrían la misma suerte.
La tensión se volvió insoportable.
—Secretaria Cecilia, ella está… está en…
«¿Qué está pasando aquí?».
Una voz aguda resonó en la sala.
.
.
.