✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 60:
🍙🍙 🍙 🍙 🍙
En el momento en que mis ojos se posaron en la cama, casi tropiezo con mis tacones.
Sebastián yacía tendido en la gran cama, vestido con una bata de seda plateada que se había abierto, dejando al descubierto su clavícula y su pecho. Sus largas piernas, perfectamente tonificadas, parecían haber sido esculpidas por Miguel Ángel.
La visión era devastadora.
Sabía que no debía mirar fijamente, pero no pude apartar la mirada durante unos cinco o seis segundos.
Cuanto más lo miraba, más nerviosa me ponía.
Cuando Sawyer había dividido nuestras tareas y me había asignado el «cuidado personal»… ¿era esto realmente apropiado?
Esto era… esto era…
La incomodidad se apoderó rápidamente de mí. Pero llamar a Sawyer ahora no era una opción. Miré la hora.
Ya eran las cinco y cinco.
Respiré hondo y me recordé a mí misma: no pienses en él como un hombre. Piensa en él como tu jefe. Solo tu jefe.
«Alfa, es hora de despertarse», dije, acercándome a la cama con una sonrisa profesional y un tono cálido pero formal.
Sebastián frunció el ceño.
Luego se relajó.
Siguió durmiendo.
Me aclaré la garganta y lo intenté de nuevo. —Alfa Sebastián, son las cinco. Tiene que despertarse ahora.
Su expresión se tornó irritada. Levantó un brazo para cubrirse los ojos.
Solo disponible en ɴσνєʟα𝓼4ƒ𝒶𝓷.ç◦𝓂 para ti
Y enseguida volvió a quedarse quieto.
Nunca imaginé que mi carrera profesional podría terminar porque no podía despertar a mi jefe.
Ya eran las cinco y doce.
Respiré hondo otra vez, me incliné hacia él y casi le grité directamente al oído.
«¡DESPIERTA!».
Punto de vista de Cecilia
La cama se movió debajo de mí, de forma repentina y brusca.
Antes de que pudiera reaccionar, una mano grande me presionó la nuca y me empujó hacia delante.
Mis labios rozaron la piel.
Cálida. Suave. Sólida.
No era su hombro.
No era su cuello.
Su mandíbula.
Mis ojos se abrieron como platos. La sorpresa me golpeó como un camión, y luego todo lo demás vino detrás.
El leve calor de su piel.
El aroma fresco de su colonia.
La calidez masculina que irradiaba, como si estuviera ardiendo.
Era demasiado. Demasiado real.
Sebastián se quedó paralizado debajo de mí.
.
.
.