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Capítulo 1046:
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Una deslumbrante explosión de luz inundó el salón de baile.
Cuando se desvaneció, una nube de humo negro flotaba donde había estado la forma espiritual de Belinda, disolviéndose rápidamente en la nada. Su último grito de furia se apagó en el silencio.
Xenia se desplomó sobre el suelo empapado, libre por fin, pero inconsciente.
A su alrededor, el yate se estabilizó. El agua dejó de subir.
La oscuridad sobrenatural se disipó, revelando la destrucción y, más allá de las ventanas destrozadas, la primera luz pálida del amanecer asomando en el horizonte.
Alpha Sebastián cojeó hasta el lado de Cecilia, recuperando su forma humana a pesar de sus heridas. Corrían regueros de sangre por su torso desnudo, marcado por numerosos cortes, pero en sus ojos solo se reflejaban orgullo y asombro.
«¿Estás bien?», preguntó con voz ronca por el esfuerzo.
Cecilia sonrió, sintiéndose más poderosa que nunca en su vida.
«Mejor que bien», respondió. «Estoy exactamente donde debo estar».
Al otro lado del salón de baile en ruinas, comenzaron a aparecer los supervivientes. Las luces de emergencia parpadearon al volver a activarse los sistemas de la nave. A través de las ventanas rotas, se veían acercarse las embarcaciones de la Guardia Costera con las sirenas a todo volumen.
En cubierta, observaron cómo Maggie —esposada y flanqueada por dos guardias hombres lobo— era conducida hacia una lancha de la policía. Incluso desde la distancia, sus protestas se oían con claridad.
𝖧𝗂𝗌𝗍𝗈𝗋𝗂𝖺𝗌 𝖺𝖽𝗂𝖼𝗍𝗂𝗏𝖺𝗌 𝖾𝗇 𝗇𝗈𝗏𝖾𝗅𝖺𝗌𝟦𝖿𝖺𝗇.𝖼𝗈𝗆
«¡Estaba protegiendo a mi hija! ¡No entendéis por lo que he pasado!».
Xenia observaba en silencio cómo se la llevaban, con lágrimas resbalando por su joven rostro.
«¿Qué va a ser de ella ahora?», preguntó Cecilia en voz baja, volviéndose hacia Cassian.
«La familia Locke se encargará de ello», respondió él. «Al fin y al cabo, es una de los nuestros. Protegemos a los nuestros, incluso de sí mismos».
Aunque los paramédicos insistieron en llevar a Sebastián al hospital, Cecilia se negó a separarse de su lado.
En la ambulancia, mientras le atendían las heridas, él por fin dejó que su cuerpo se relajara.
«Se ha acabado», susurró ella, apretándole la mano.
Sebastián se llevó los dedos de ella a los labios.
«No», dijo con suavidad. «Esto no ha hecho más que empezar».
«Perfecto», dijo Cecilia, sonriendo no con alivio, sino con expectación. «Estoy preparada para lo que venga después».
En la pequeña pantalla instalada en la ambulancia apareció una alerta de noticias de última hora:
DESARTICULADA UNA SECTA SOBRENATURAL: Una operación en varios estados acaba con una peligrosa organización que tenía como objetivo a las comunidades de licántropos.
Narrativa en tercera persona
La luna llena brillaba en el cielo nocturno, derramando una luz plateada sobre el paisaje como si la propia Diosa de la Luna estuviera vigilando. En muchos sentidos, así era.
Habían pasado tres días desde el dramático enfrentamiento a bordo del yate. Por fin, el mundo sobrenatural había encontrado la paz tras el colapso total de la Ascendencia del Velo Lunar.
La justicia había sido rápida.
El círculo íntimo de la secta recibió condenas a cadena perpetua en prisiones especializadas para seres sobrenaturales. Los miembros de rango medio se enfrentaban a décadas tras las rejas, mientras que aquellos que habían sido coaccionados o manipulados recibieron condenas más leves: terapia obligatoria y servicios comunitarios. Y lo más importante: la retorcida filosofía de la secta de que «el poder da la razón» había sido desacreditada públicamente por destacados estudiosos del mundo sobrenatural.
Por primera vez, humanos y licántropos colaboraron en pie de igualdad a lo largo de los juicios.
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