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Capítulo 328:
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Vacía.
Una pizca de miedo le invadió el pecho mientras se acercaba a las cortinas y las apartaba de un tirón.
Nada.
¡¿Dónde demonios estaba?!
«Basta de esto, Jessie. Vale, tú ganas, muéstrate», gritó.
Sólo el eco de su propia voz asustada le respondió.
Todo estaba exactamente como lo había dejado: oscuro, vacío.
Y entonces, se dio cuenta como un tren de mercancías.
Jessie se había ido.
«¡Joder!», gritó, con el terror atenazando su corazón, que golpeaba violentamente contra sus costillas.
«Por favor, por favor, por favor», murmuró en voz baja, con las manos temblorosas tanteando para introducir el pasador en su cámara acorazada.
En cuanto lo vio, su mundo se hizo añicos.
«¡No!», gritó a medias, con la respiración entrecortada mientras miraba la cámara vacía.
La desesperación le arañó el pecho mientras agarraba la caja metálica, le daba la vuelta y la sacudía enérgicamente. Pero nada.
Los ahorros de toda su vida, perdidos.
Le habían robado.
Jessie se había fugado con todo su dinero mientras él dormía, inconsciente.
Se agarró la cabeza con las manos y sintió una oleada de decepción y traición.
«¿Por qué, Jessie? ¿Por qué? Creía que eras diferente. Creí que me querías», ahogó, con la frustración transformándose en amargura y resentimiento.
Indefenso, se desplomó en el suelo, con la bóveda vacía sobre el regazo.
Jessie le había dejado sin un céntimo, a pesar de todas las veces que le aseguró que soñaba con pasar el resto de su vida con él.
Si hubiera sabido sus verdaderas intenciones, nunca habría ahorrado dinero para su supuesto futuro.
Ahora, estaba en la ruina.
Sin dinero. Sin trabajo. Nada de nada.
Pedirle dinero a Rosa era una causa perdida. Ya había dejado claro que necesitaba mantener su rastro limpio para que el Rey no rastreara el dinero robado hasta ella.
Movido por la desesperación, ya que necesitaba dinero para financiar su extravagante estilo de vida, Ray buscó diferentes formas de recuperar los fondos robados antes de que acabara el día.
«Mata a Rosa y te ayudaré a convertirte en lo que quieras». Esas palabras resonaron extrañamente en sus oídos, despertando su curiosidad. Podría convertirse en el hombre más rico del mundo.
Su expresión emocionada se transformó rápidamente en tristeza mientras suspiraba profundamente. Matar a Rosa no formaba parte de su plan. No quería la sangre de nadie en sus manos. Además, le daba tanto placer verla desmoronarse y reducirla a la nada, pero la oferta era innegablemente tentadora.
«¿Pensando en mi oferta?» Una voz extraña retumbó de repente en la habitación, captando la atención de Ray.
Sorprendido, soltó un fuerte grito ahogado mientras unas gotas de sudor aparecían en su frente. «Tú…», empezó, con el miedo reflejado en sus grandes ojos mientras la piel se le ponía de gallina. «¿Qué haces aquí? ¿Cómo has encontrado mi casa? ¿Quién te ha dicho…?
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