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Capítulo 884:
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El suero, junto con las firmes palabras de Allison, la pusieron rápidamente bajo control.
Afuera, más guardias entraban en tropel, peinando el área en busca de Allison.
«¡Buscad por todas partes! ¡No dejéis ningún rincón sin registrar!», gritó uno de ellos, con voz fuerte y autoritaria. «¡Algo debe de estar mal aquí!».
Algunos presionaron sus caras contra el espejo unidireccional, tratando de ver el interior.
Estaban peligrosamente cerca.
Si los guardias decidían entrar, Allison sabía que la atraparían.
Permaneció completamente quieta, conteniendo la respiración mientras sus ojos se mantenían fijos en cada uno de sus movimientos.
Justo cuando estaban a punto de entrar, una fuerte alarma estalló, atravesando el tenso silencio. «¡Fuego en la sala de especímenes! ¡Se requiere asistencia inmediata!», resonó la alerta.
Los guardias, ahora distraídos, abandonaron su búsqueda y corrieron hacia la sala de especímenes.
La voz firme de Kellan retumbó en su auricular. «Allison, he activado la alarma de incendios. El camino está despejado. Muévete ahora».
Allison dejó escapar un respiro tembloroso, sus hombros se relajaron.
Allison sujetó a Lilian y la guió hasta la puerta con teclado. Sin perder tiempo, tecleó el código: 001001. La puerta se abrió con un pitido agudo y Kellan estaba esperando al otro lado. Su rostro estaba tenso de preocupación cuando preguntó: «Allison, ¿estás bien?».
«Estoy bien, pero Lilian está inconsciente», dijo ella, con voz firme, mientras entregaba a Lilian al equipo de Kellan. «Llévala al coche inmediatamente», ordenó, con un tono que no dejaba lugar a discusión.
Si todo salía según lo previsto, Verruckt pronto estaría inmerso en negociaciones con el alcalde.
Allison sabía que no podía permitirse perder ni un segundo.
En ese momento, tres guardias de seguridad que patrullaban salieron de detrás del aparcamiento. «¡Quietos ahí!».
Los guardias vieron a Allison y a Kellan. Sin dudarlo, se acercaron y les bloquearon el paso. «¿Adónde creéis que vais?».
En la tenue luz, Allison y Kellan se miraron rápidamente.
No necesitaban hablar; su plan estaba claro. Si los guardias descubrían la verdad, no habría forma de evitar una pelea.
Sin perder un segundo, Kellan dejó a Lilian inconsciente. La sostuvo de tal manera que parecía que todavía estaba de pie.
Allison, perfectamente sincronizada, se ajustó las gafas de montura negra, las que había usado antes, y dio un paso adelante con confianza.
«Una de nuestras invitadas tiene bajo nivel de azúcar en sangre», dijo con calma, golpeando la tarjeta de identificación de su bata de laboratorio para enfatizar. «Nos estamos asegurando de que llegue al hospital sin problemas».
El guardia la miró con los ojos entrecerrados, la duda nublando su rostro. «¿Para qué laboratorio trabajas?».
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