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Capítulo 847:
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Para su alivio, Colton no sugirió involucrar a Allison en el asunto de la medicina. «Iré al laboratorio yo mismo», dijo con tono plano. «No hace falta que vengas. Quédate aquí».
Su rostro estaba tan frío e impasible como siempre. En ese momento, Melany sintió que no significaba nada para él, como si no fuera más que una desconocida a sus ojos. Por primera vez, se sintió realmente destrozada por dentro.
Aunque al principio se había acercado a Colton con segundas intenciones, sus sentimientos por él se habían ido volviendo reales después de tantos años juntos. Pero ahora la trataba como si no importara.
De repente, el rostro de Melany se puso pálido como un fantasma. Sus manos se dirigieron a su estómago cuando una ola de dolor la golpeó, y un sudor frío empapó su piel. «Colton, me duele el estómago…», jadeó.
Al principio, Colton supuso que estaba fingiendo. Pero cuando notó su temblor y el dolor genuino en su rostro, su expresión cambió. Frunció el ceño con preocupación. «No te muevas. Te llevaré al hospital», dijo bruscamente.
Mientras la ayudaba, sus pensamientos se oscurecieron. Pase lo que pase, sigue siendo su hija. Sin perder un momento, Colton llamó a una ambulancia y la llevó al hospital más cercano. Durante el trayecto, gotas de sudor frío brillaban en la frente de Melanie, y su respiración era entrecortada y entrecortada.
Ella le tomó la mano débilmente, su voz débil mientras suplicaba: «Colton, prométeme que no me dejarás, ¿de acuerdo?» Colton se quedó a su lado, pero evitó darle una respuesta directa. «Estoy aquí», dijo en voz baja.
Con cuidado, le quitó los dedos de la mano. «Deberías concentrarte en descansar. El bebé es lo más importante ahora mismo», añadió.
Mientras hablaba, su mente divagaba hacia un recuerdo lejano de Allison. Recordaba cómo había estado enferma una vez, empapada en sudor como estaba Melany ahora.
Pero en aquel entonces, no le había mostrado ninguna amabilidad. En cambio, había afirmado deliberadamente que tenía problemas estomacales y la había obligado cruelmente a cocinar para él, sabiendo que estaba sufriendo. Aun así, Allison nunca se había quejado. «Está bien», solía decir. «Te debo esto». Lo había dicho tantas veces.
Colton no sentía más que fastidio. No recordaba ni una sola vez que hubiera hecho algo por Allison cuando eran más jóvenes. Siempre le había parecido que ella no lo miraba de verdad, sino que se aferraba a él como un recordatorio de otra persona. En aquellos días, su actitud hacia ella había sido fría y desdeñosa.
Una vez le había dicho: «Allison, hagas lo que hagas, nunca me caerás bien».
Ahora, al rememorar el recuerdo, un dolor sordo se extendió por su pecho. La verdad era que nunca la había odiado de verdad. Había comido todas las comidas que ella cocinaba, por muy indiferente que pareciera. De hecho, cuando se dio cuenta de que se estaba enamorando de Allison —sentimientos que creía que estaban mal—, arremetió contra ella. La había herido y se había torturado en el proceso, negándose a admitir la verdad.
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