Los Secretos de la Esposa Abandonada - Capítulo 786
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Capítulo 786:
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«Sube», ordenó Verruckt, mientras le abría la puerta del coche.
Allison entró con el rostro inexpresivo, ocultando sus pensamientos. Mostrar demasiado entusiasmo o cualquier atisbo de enamoramiento seguramente desanimaría a Verruckt, y ella no podía arriesgarse. Creía que la fascinación de Verruckt por ella provenía de su deseo por lo inalcanzable. Aquellos que lo habían perseguido siempre habían tenido un final desafortunado.
Verruckt rompió el silencio con un tono grave. «El banquete vecino tiene mucha seguridad esta noche, y Josh estará allí. Tu altercado con Fiona fue una excusa conveniente para que me fuera temprano». Fue entonces cuando Allison entendió.
¿Por qué había aparecido Fiona justo después de que Verruckt se hubiera ido? Parecía que la había estado manipulando desde el principio. Pero esto no era sorprendente, ya que Verruckt no era una buena persona.
Sin embargo, ahí estaba ella, interpretando a la ingenua Alice, reprendiéndose en silencio. «¿De verdad? ¿Anticipaste que Fiona me causaría problemas?».
Su voz era fría, teñida de irritación, tal vez confundida con petulancia por un extraño. «Y ese beso… ni siquiera pediste mi consentimiento».
La respuesta de Verruckt fue contundente. «¿Y qué? Alice, al firmar ese contrato en el instituto de investigación, aceptaste mis condiciones y te convertiste en mi posesión».
La respuesta de Allison fue inmediata: una fuerte bofetada en la cara. El sonido resonó en la quietud del coche.
—Verruckt, eres insufrible —declaró Allison, con lágrimas en los ojos—. Nunca consentí ser algo más que un colega, y ya te lo he dicho antes, ahora estoy saliendo con otra persona.
Su voz se quebró de rabia, pero había una sombría satisfacción al ver cómo su expresión engreída se disolvía en sorpresa ante su desafío. Allison conocía bien el talón de Aquiles de Verruckt. Le influían tanto la compasión como la fuerza.
De vuelta en aquel laboratorio de la isla aislada, cada vez que la enfurecía, le ofrecía provocativamente que le diera una bofetada, asegurándole que no se resistiría. Un pesado silencio envolvió el coche. El conductor estaba petrificado, apenas atreviéndose a respirar, fingiendo ignorar el tenso drama que se desarrollaba a sus espaldas.
En el espejo retrovisor, las sombras velaban la mitad del rostro de Verruckt, aumentando el escalofrío que parecía emanar de él, lo que inquietaba aún más al ya asustado conductor. El conductor se estremeció, sus pensamientos se aceleraron: ¿estaba Alice jugando con fuego? Agarró el volante, sintiendo el frío filtrarse en sus palmas. Su mejor estrategia era desaparecer en las sombras, invisible y desapercibido.
Verruckt, sintiendo el escozor en su mejilla, acarició ligeramente el lugar. «Alice, te has vuelto bastante atrevida», comentó, con los ojos enrojecidos por la tenue luz, que recordaban a la lava fundida hirviendo bajo la corteza, lista para explotar en cualquier momento.
Miró a Allison, su mirada la atrapó como una mariposa atrapada en una telaraña. «Nadie se ha atrevido nunca a desafiarme».
En el fondo, Verruckt sabía que ya debería haberla eliminado. Alice había provocado demasiados tumultos emocionales en él, una distracción peligrosa para un sujeto de prueba como él. Sin embargo, la visión de sus lágrimas, que normalmente despreciaba como muestra de debilidad, extrañamente lo obligó a querer secárselas, y anheló más.
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